Diversos estudios socioeconómicos acaban de desvelar a España lo que otros colegas suyos hace tiempo que vienen desvelándole a nuestros vecinos europeos: que es tremenda la situación de los jóvenes pero que la situación de los mayores es un pésimo negocio. Se trata de cálculos que demuestran que el incremento del consumo –clave para la recuperación de la demanda y portillo de entrada a la recuperación—se debe al esfuerzo patético que están haciendo los “yayos” a pesar de que las pensiones españolas son de risa (las penúltimas de la Unión Europea). Son los “yayos” quiénes están soportando bajo sus abrumados hombros la trabajadera más jodida, dado que de ellos sigue dependiendo la familia nuclear como consecuencia del bárbaro paro juvenil existente. ¿Y qué culpa tienen los “ninis”?, se me disparará a bocajarro. Pues ninguna, por supuesto, dada su situación, pero esta constatación deja tirados a tantos como, desde perspectivas tan diferentes, han tratado de rebajar el “rating” a la familia tradicional que Marx definía como una simple “célula de reproducción social” pero que la experiencia y la crisis nos están permitiendo ver que es más, bastante más, mucho más, a saber, el elemento básico de la estabilidad social y el seguro o la garantía contra el “conflicto” que, sin su concurso, hace tiempo que habría incendiado nuestras calles. El fracaso del sistema de mercado (léase, sin complejos, del capitalismo especulativo) es, pues, doble: por un lado arrebata a los jóvenes su edad dorada; por otro roba a los mayores su merecido descanso. Los defensores de las familias de diseño y otros cuentos no van a tener más remedio que enfrentarse a esta realidad que la sociología tiene reconocida desde sus primeros balbuceos.

Y no es cuestión de ponerse ahora lacrimógenos, pero quizá sí de recordar que esos paladines de la integración que son los viejos de la tribu, no sólo no van a verse nunca liberados de sus cargas sino que, un día, cualquier mañana en que cuadren la cuentas, saldrán caminito de alguna triste “residencia” -¡tiene guasa el eufemismo!—para aguardar jugando al tute o al tresillo la hora de entregar la cuchara. Hay generaciones privadas de la vida misma, en lo que ésta tiene de humana y gratificante, y aquí tenemos la nuestra que incluye a “yayos” y “ninis” atrapados e indefensos ante los caprichos del mercado libérrimo.

3 Comentarios

  1. Justa reflexión, e interesante sociología de la familia. El día de mañana, como quien dice, se reconocerá, seguro, el papel de loa s”yayos” es decir, la fórmula de la familia nuclear. Max se quedó corto en su afán secularizador, ¿no le parece? pero hay varias corrientes de la disciplina que ven en la familia algo de un valor tal que es preciso garantizar su supervivencia.

  2. Eso es verdadera solidaridad y por eso es silenciosa.
    He notado que en cuanto se habla de algo así es que no existe, como la tan cacareada “fraternité” que no existe en absoluto y la “liberté” que se va reduciendo atoda mecha.
    Besos a todos

  3. La crisis, en efecto, está fortaleciendo el modelo de familia tradicional, que es probable que sea el único ámbito donde la fraternidad es verdadera y eso que llaman “solidaridad” sobre de entrada. Cuando pase y vuelva la abundancia, no lo duden, hemos de ver cómo se recomponen las críticas a aquella y cómo vuelven los pregoneros de la familia “moderna”, o séase, de otra cuento de cuentos.

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