Los escándalos registrados en la legislatura han puesto al alcalde de Sevilla, la capital de la región, en el trance de soportar que se pida su dimisión o cese desde leal oposición y, por lo bajini, también desde su propio partido, el PSOE. Una vergüenza tan grande que, por fin, lo han decidido a despedir a algún miembro de su ‘troupe’ exactora cuando ya lo que exigirían las circunstancias es que su partido lo despidiera a él. Estamos viviendo otro apogeo del peculado, otra ola de agio y corrupción en los Ayuntamientos y Diputaciones, que a punto están de acabar con el mínimo respeto ciudadano debido a la política. Y no es que en Baeza o en Valverde, en La Línea o en Estepona, los euros valgan menos; es que la capital, se quiera o no, constituye un obligado escaparate de integridad política.

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