Final de la Transición, aquel milagro que admiraba el planeta y que Guerra explicaba en Moscú con una pizarra, aquel pacto de los que lucharon contra la Dictadura e incluso de los los pasivos. El Parlamento no estaba ayer en la Carrera de San Jerónimo sino en la Puerta del Sol. Por eso se oía gritar en el hemiciclo, en plan perroflauta,  “¡Sí se puede!”. Pero no busquen responsables en los “socios” –mal avenidos y peor encarados— sino en la rendición del centenario PSOE, cuyos “históricos” refrenan desde ayer la protesta que inexplicablemente no osan mantener en público. El PSOE que contribuyó tanto a la democracia no es éste: lo dicen (en voz baja) aquellos “históricos”. Y no lo es. Nada tiene que ver este engendro –más allá de los yerros, que los hubo, y graves– con el partido que surgió en los años 70. Pactar con el separatismo y los terroristas supone romper la baraja. Y lo han hecho. Nunca España estuvo más abajo que lo está desde ayer.

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