Tanto en Madrid como en Sevilla, ha habido que rebajar las previsiones económicas, a todas luces voluntaristas e irreales, en que se funda el Presupuesto para el 2009. El empeño en camuflar la situación real, para ganar tiempo, ha durado poco, obligando a los presupuestadotes (ir)responsables a reconocer la falacia de sus propios datos. El problema, sin embargo, no está tanto en pedir responsabilidades, como ha hecho la oposición, sino en plantearse qué hacer ahora que sabemos que ese Presupuesto es papel mojado y que con él no sólo no afrontaremos adecuadamente la crisis sino que ni siquiera podremos actuar de modo razonable. La autonomía exige que Chaves renuncie a ese objetivo prioritario que ha venido siempre ‘arropar’ al Gobierno, incluso mintiendo con descaro. Va a ser curioso observar cómo escapamos de este callejón.

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