La HG de ayer sería la más justificada de las ocho organizadas por nuestros sindicatos en el periodo democrático en circunstancias normales. Tiene toda la lógica que las organizaciones de defensa de los trabajadores, incluso si han permanecido calladas como momias durante estos cuatro últimos años en que se han perdido tres millones de puestos de trabajo, defiendan la estabilidad en el empleo, su seguridad y demás condiciones que le afectan, pero carece por completo de sentido hacer una huelga perfectamente inútil (y los sindicatos lo saben mejor que nadie) que incrementará nuestras pérdidas al menos en una décima del PIB, o sea en unos tres mil millones de euros, sin incluir el coste que provocará en los trabajadores movilizados en sus nóminas. No parece, por otra parte, que la demostración haya servido para reconstituir el prestigio perdido de los sindicatos, ni por su envergadura –en España ha habido varias demostraciones iguales y mayores organizadas por las víctimas del terrorismo o por la Iglesia católica—ni por su efecto, pues el Gobierno se ha apresurado a plantarse declarando que en modo alguno la presión de la calle le va a hacer variar nada sustancial en una debatida Reforma Laboral que, por cierto, ya ha sido aprobada por una cualificada mayoría absoluta del Parlamento. Bien, pero eso no es todo, porque si es verdad que ayer aquí no ha pasado nada o no ha pasado gran cosa, no lo es menos que por ahí fuera –asómense a la prensa extranjera y verán—esta “imagen griega”, esta exhibición de anomia frente a la política europea común, está siendo observada con preocupación por la autoridad comunitaria y, por supuesto, por los mercados, ante los que nuestro perfil, no poco recuperado por los esfuerzos del nuevo Gobierno, va a deteriorarse seriamente. ¿Alguien está pensando en serio en que con manifestaciones callejeras se puede salir de esta crisis que el Gobierno actual no ha hecho más que heredar? Escuchar voces de IU predicando el absurdo de que crear empleo urge más que pagar la deuda, o la barbaridad de que de la crisis sólo se puede escapar recurriendo a “medidas antisistema” constituye, sin duda, un grave motivo de alarma.

Y la cosa no acabará aquí, por descontado, pues resulta evidente –ya se predecía antes de las elecciones generales—que la oposición general de las izquierdas a las inevitables reformas que exige la situación incluye en su estrategia la intención pura y simple de sabotear la enojosa tarea un Gobierno que está haciendo lo que cualquier Gobierno hubiera tenido que hacer. Hay, al parecer, quien no teme convertirnos en griegos con tal de dar el do de pecho y justificarse siquiera por un día.

4 Comentarios

  1. Sacado de “La Rebelión de las Masas” :”En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías”.

    Saludos

  2. Que malo es usted, don Rafa, sobre todo cuando pone el dedo en la llaga más patente. La HG ha sido, creo particularmente, un ejerciocio de irresponsabilidad más de esos dos grandes sindicatoshasta ahora subvencionados. Rajoy no ha padecido esta HG precoz por su RL sino por haberle quitado de las manos a los “agentes sociales” el negocio de los “cursos de formación”.

  3. A ustedes no les gusta la huelga, derecho sagrado, conquistado tras dura lucha. Les gustaría si la amenaza les incumbiera.

  4. Don Cirineo: la amenza nos incumbe a todos. Le copio el párrafo completo de Ortega y G. del que antes citaba un fragmento.

    “Así se explica y define el absurdo estado de ánimo que esas masas revelan: no les preocupa más que su bienestar, y, al mismo tiempo, son insolidarias de las causas de ese bienestar. Como no ven en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se pueden sostener, creen que su papel se reduce a exigirlas perentoriamente, cual si fuesen derechos nativos. En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que, en más vastas y sutiles proporciones, usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre.”

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