El anticlericalismo radical es un viejo compañero de nuestra historia política. No hay argumento más oprobioso en la crónica der la Guerra Civil que los miles de asesinatos perpetrados contra los católicos por el hecho de serlo, por más que su lógica fulmínea fuera una herencia mixta de la Ilustración extremada y de la indigencia ideológica del romanticismo ácrata o comunista. Aquellas momias de monjas expuestas ante algunas iglesias fueron, probablemente, las imágenes que acabaron por distanciar de la causa republicana a los países europeos, pero estaban inspiradas por el extremismo sin mejores argumentos. “El Motín” de Nekens nada tenía que ver con los presuntos anticlericales burgueses como Clarín o Pérez de Ayala o con la obtusa agresividad del último Galdós, como saben bien quienes los hayan estudiado, pero fue aquél el que se impuso al radicalismo de unos insensatos que habían sustituido la letra de la Marsellesa por otra que rezaba “Con aceite de linaza/ incendiaremos el país…” o la del Himno de Riego por aquella otra que decía “Si supieran los curas y frailes/ la paliza que les van a dar…” El vandalismo anticlerical y destructor fue una culpa difícil de aliviar para un Estado que mantenía intactos, en teoría, su andamiaje judicial y sus fuerzas del orden, y afortunadamente no fue heredado por las generaciones siguientes que nos vimos implicadas en la lucha contra la Dictadura. Ha sido ZP, ese ideólogo sobrevenido, quien ha permitido la recuperación del comecuras desde una estrategia siempre más cómoda que la que supone enfrentarse a los poderes fácticos que lo hubieran laminado de intentarlo. Y ahí están, en fin, esos salvajes de Mérida que han invadido con violencia un colegio salesiano, acción siempre más fácil, quién lo duda, que invadir una comisaría. Veníamos observando en algunos adultos esa radicalización que ha confundido la laicidad con el laicismo. Lo que no habíamos previsto es ver tan pronto a sus alevines recaer en el antiguo y caro error de sus abuelos.

Que no tengan ellos la culpa principal, sino que actúen miméticamente a partir del ejemplo de sus mayores, no debe contar a la hora de sancionarlos sin la menor contemplación, aunque sólo sea porque ese estrafalario clamor de “¿Dónde están los curas, que los vamos a quemar?” nos devuelve a una selva ya conocida para salir de la cual fue preciso verter demasiada sangre.

6 Comentarios

  1. La tragedia vuelve como farsa, lo que no quiere decir que no cabe otra vez en tragedia. Al zapaterismo le debemos este regreso al peor pasado.

  2. Desgraciadamente parece que los Casandra van a tener razón. No sé porqué son siempre las predicciones mas terribles las que se realizan. Cuando lo predecía no pensaba que llegaríamos a éstas, y tan rápido…
    Un beso a todos

  3. Mi querido Anfitrión, si deja usted caer perlas como “…ZP, ese ideólogo sobrevenido…” es que todos estamos perdiendo un poco el oremus. (Yo ya lo perdí, siglos ha).

    Del Inepto se pueden decir muchas cosas y pocas buenas, pero no creo que en su cabeza de chorlito cupieran más de dos ideas. Una, la que le permitía distinguir el día de la noche y la otra, algo que se le quedó prendido en la neurona cuando estaba en primero de facultad. Claro, que tal vez esa es la coincidente con lo que usted nombra. Con lo cual, tal vez debería borrar mi primer parrafillo.

    En fin, dejemos lo escrito, confiando en su benevolencia.

  4. Una vergüenza y, desde luego, herencia de la última etapa vivida (no lo dude don EPI). Se nota en el ambiente ideológico de una izauierda cada día con menos ideas y más audacia.

  5. Lo de la invasión del Colegio es una vergüenza, pero mayor es el silencio de IU y la pereza de la Fiscalía. Gente de izqauierda de oda la via, ahí está jagm, se rebotan contra ese “revival” de los comecuras inspirado por ZP.

  6. Pues a mó, con hororizarme esa “regreso” a losm males de la patria, lo que más me extraña es la “antigúedad” del recurso. Qué gran verdad que nadie escarmienta en cabewza ajena! A mi nadie me quitó nunca de la cabeza que las desdichas de nuestra guerra incivil tuvieron su peor exponente en un anticlericalismo que ya para entonces estaba pasado de moda. En ZP no me extrañó nunca por las razones que, con su gracia habitual, nos ofrede don EPI.

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