Superado el mal que la atormentaba –la neuralgia del trigémino, “el peor dolor” existente–, parece que la juez Mercedes Alaya volverá a su despacho para seguir su ímprobo trabajo de aclarar el caso de los ERE y las prejubilaciones falsas. Se va encontrar con que el suplente le ha enmendado la plana en varios puntos aunque no haya logrado detener ese tren en marcha. Entre los que incluso han hecho regocijadas bromas de su dolencia volverá el desasosiego, y entre quienes ven imprescindible descubrir hasta el fondo el gran saqueo perpetrado por la Junta, por el contrario, la esperanza de ver cumplida su agotadora tarea. Verán como su reincorporación se nota enseguida y los sarcasmos se truecan en lamentos.

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