Lo que le faltaba a Haití, esa llaga abierta de la que el mundo trata de olvidarse, era el retorno de Baby Doc, es decir, de Jean-Claude Duvalier, el hijo de Papa Doc, el tirano que gobernó durante decenios hasta comienzo de los 70. Mi amigo Saltés el gran pintor y desistido humorista, que por allá anduvo una temporada, me contó la escena memorable de cómo un comando de policías motorizados despejaban sin contemplaciones las polvorientas carreteras del país para abrirle paso a los bólidos que conducía como un loco el retoño del dictador, lanzando a la cuneta a los sorprendidos viandantes, con otras muchas hazañas de aquellos “tonton macoutes” que, con sus gafas oscuras y sus machetes desafiantes, acabaron causando unas 150.000 víctimas. A Duvalier padre lo echaron del país cuando ya los EEUU no pudieron mantener por más tiempo aquella terrible tragicomedia en la que el caudillo se había pasar por la reencarnación del dios de la muerte y predicaba con éxito el vudú contra el disparate del catolicismo colonial obligatorio, que fue lo que, en buena medida, le abrió camino político. Y al hijo, el gobernante más joven del mundo a sus 19 años, el mismo que ahora vuelve a ese infierno devastado para “ayudar al pueblo”, tuvieron que echarlo por las bravas cuando ya no fue posible ocultar la arbitrariedad y un expolio que alcanzaría no menos de cien millones de dólares de la época que le propiciarían el asilo político en Francia y una vida de sátrapa en la Costa Azul. Ciertamente ésta es una historia que parece imaginada por Carpentier en un póstumo “siglo de las luces” cuyo siniestro resplandor alumbrara uno de los desastres humanos más desconcertantes de la postmodernidad. Baby Doc besando el suelo del aeropuerto en Puerto Príncipe resulta un escarnio más que una parodia, pero dicen que no han de faltar tambores sagrados para propiciar con benevolencia vudú la nostalgia del primitivismo.

 

Cuando hace unos años este espontáneo pidió perdón a través de las ondas por los “errores” cometidos durante su mandato, el presidente Préval aclaró, para uso indistinto de nostálgicos y vindicadores, que si desde luego existía el perdón, la Justicia había de prevalecer ante todo. Y hay que esperar que, por encima del desbarajuste que reina en aquel torturado país, semejante premisa se mantenga hoy también frente al paternalismo del tirano que era lo que le faltaba a la situación. Si alguna vez en tiempos recientes ha habido una nación en trance de disolución ésa ha sido este Haití asolado por la Madre Naturaleza tanto como por sus propios hijos. La vuelta de Baby Doc  no es siquiera un desafío sino un sarcasmo. Y Francia y los EEUU comparten esa infamia a partes iguales.

4 Comentarios

  1. Bien puesto el dedo: Francia y Estados Unidos son los repsonsables ocultos de esta tragedia, como de otras. NO parece que esta vez vaya a funcionar el gesto del tirano pero ya es bastante ofensa para los haitianos víctimas de su perversidad verlo pasear por el país sin ser detenido para ser juzgado.

  2. Algo debe de haber detrás de ese viaje sorprendente, algo en lo que los grandes poderes tienen que tener su parte, no les quepan dudas. Lo que no hay es instancia internacional posible ante la que llevar a ese criminal descarado y ese es una lástima.

  3. Dos ideas distintas se me pasan por el cerebelo al leer a don José António hoy:
    La primera que Haití y los Duvalier me evocan dramaticamente a Carpentier y también, ,aunque en menor medida, a Valle Inclán.
    Y la segunda que, aunque Francia y los EE.UU son culpables de haber sostenido un régimen podrido y asesino, los principales culpables son los haitianos (?) mismos…..
    Lo mismo podemos decir hoy en día de Tunez. Hemos sostenido un régimen corrupto. Es verdad. Espero que el que venga sea mucho mejor.
    Un beso a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.