Espectacular ha sido el vuelco experimentado en las elecciones sindicales en la Junta. Los funcionarios que se abstenían olímpicamente de este rito (sólo votaba un 40 por ciento y ahora lo ha hecho un 70) han ido esta vez de cabeza a las urnas con un objetivo claro: liquidar la vieja influencia en la Función Pública de esos sindicatos “de clase” que tienen archidemostrado su sometimiento al Poder. Puede que haya que ver en este hecho no sólo la rebelión contra el “decretazo” de Griñán sino un aspecto más de la crisis del modelo de gobierno que nos viene de la Transición. El fracaso de los viejos sindicatos supone la conversión masiva de los trabajadores públicos a un gremialismo moderno que ahora tendrá que demostrar el mérito que se le supone.

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