Casi cuatro décadas después, la autonomía andaluza ha de echar de nuevo a andar. El Plan de Ordenación de la consejería de Trabajo –que ayer resumía y comentaba con rigor Antonio R. Vega en estas mismas páginas— no deja margen a los discrepantes: Andalucía, tras haber desaprovechado la millonada europea, está estancada desde hace años en el mismo retraso con un paro crónico del 20 por ciento de su población activa, y percibe sólo el 75 por ciento de la renta media nacional por habitante, además de ir por debajo del nivel medio educativo o soportar una triste tasa de temporalidad laboral. No se trata de abismarse en el reproche sino de echar de nuevo a andar, porque no existe razón alguna que justifique verla por sistema en la cola de España. La “Andalucía imparable” de la propaganda ni se ha movido del sitio donde nos la legó el pasado.

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