Ese “animal mítico” que, según el maestro Cassirer, es el ser humano, necesita del mito para vivir. En la Andalucía moderna, la de la autonomía, muchos han vivido cínicamente del martirio de Blas Infante y ahora pretenden agrandar ese panteón exhumando el fantasma del joven García Caparrós, que se disputan a dentelladas, como un trofeo propio, las diversas autodenominadas “izquierdas” y a las que responde el eco idiota de los podemitas comparando el famoso 4-D andaluz con lo que está ocurriendo hoy en una Cataluña cuyo mitologema –desde el Tambor del Bruch a Casanova– es famoso por su más que probable falsedad. No les basta la realidad clamorosa: necesitan rellenar el vacío ideológico con el mármol del héroe. Se entiende que no se haya extinguido del todo la voz trincona de Lauren Postigo.

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