Crece el desconcierto a propósito de las adscripciones políticas, quiero decir, a sus trasfondos ideológicos, hoy confundidos todos en esa suerte de crisol común del que ninguna postura parece escapar. Le pregunté un día en público a un dirigente sociata qué coños venía a ser hoy el socialismo habida cuenta de lo que se hacía en su hombre, y el dirigente me respondió, algo abruptamente, que el socialismo hodierno consistía en “resolverle los problemas a la gente”, es decir, ni más ni menos que lo que nos contestaría, caso de ser preguntados, un bombero, un policía municipal o un funcionario de cualquier ramo: ni mu de la vieja utopía, ni mentar la bicha colectivista, nada, en definitiva, que no fuera la pura rutina burocrática que es lo que le queda del socialismo cuando se instala en el poder. Hoy se mete en un mismo saco a Clinton, a Blair o a González, mientras desde el Gobierno “socialista” se recortan las pensiones, se suben los impuestos o se deja colgados a los parados, mientras se procede a privatizar lo público aunque, eso sí, llamando “liberalizaciones” a esas maniobras. No sabemos –nadie sabe—qué ocurrirá mañana, pero lo que es hoy, ciertamente no es posible hallar la menor diferencia programática ni ideológica entre una derecha que presume de progresista cuando se tercia y una sedicente izquierda que ha liquidado en pocos años una tradición utopista de más de un siglo. Aena no se va a vender a los tiburones capitalistas (que sería lo suyo, caso del ser el PP quien la vendiera) sino que va a ser “liberalizada” porque, bien miradas las cosas, ésa es la única maniobra posible para un Gobierno en apuros que lo que busca es hacer caja para saldar sus deudas. Desde la economía, que es lo que cuenta, en la presente legislatura el llamado “socialismo” está viviendo el culmen de su degeneración ideológica. La “derechona” no lo hubiera hecho peor ni mejor en lo fundamental: hubiera hecho exactamente lo mismo.

 

Cuando se habla de crisis de la democracia no suele tenerse en cuenta esta degeneración ideológica que, en la práctica, ha igualado entre sí a las diversas opciones políticas, dejando a los ciudadanos a la intemperie sentimental a la hora de apoyar con su voto a cualquiera de ellas. Nadie sabe en este momento qué es la izquierda, qué pretende frente un oponente que le siega la hierba bajo los pies arrebatándole las banderas, cómo diferenciarse de un rival que, cambiando lo imprescindible, ha conseguido dejarla obsoleta. Sólo un puñado de shakespearianas palabras permite mantener en cartel una comedia que los hechos certifican cada día más como un drama si no como una tragedia.

2 Comentarios

  1. Me animo hoy de nuevo porque el tema me provoca. ¡Para qué se esfuerza usted en demostrar lo sabido! Esta izquierda no es izquierda desde hace decenios, quizá desde antes de llegar al poder e incluso de que hibiera democracia, si no ¿cómo la habría apoyado la socialdemocraia alemana y el propio Departamento de Estado? El “socialismo” funcionó como la coartada perfecta contra el enemigo comunista durante la Guerra Fría. Ahora noes más que un negocio de unos cuantos que se han hecho con la marca registrada.

  2. Día triste nos toca hoy , don José António. Por aquí hace un frío que pela y cuando me asomo a mi balcón español, en busca de calor, no encuentro más que frías cenizas….
    Besos a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.