Han sido muy celebradas las declaraciones del propietario de Mercadona, Juan Roig, el hombre que ha sido capaz de ganar y mucho en medio de la crisis. Hay en ellas verdades como puños relativas a la desorganización de nuestro sistema social y alguna que otra obviedad, como ésa de que son los extranjeros quienes han de recogernos nuestras naranjas, que parece olvidar que, no hace más que unos decenios, los españoles desarraigados a la fuerza eran los encargados de los más duros trabajos en Alemania, Suiza u Holanda, incluido el de recoger la basura. La vida es un subibaja, o lo parece, que un día levanta a un país hasta las nubes y al siguiente lo precipita al abismo porque parece que no hay modo de eludir la previsión toynbeeniana de que cada orto lleva su ocaso en la entraña. Bien, pase, el señor Roig es, por fortuna, un ganador y tiene por ello un derecho relativo a la desmesura y a la desmemoria, pero lo que ya no me cuadra es el ejemplo de los chinos, eso de proponer al trabajador español que se mire en el espejo, no de los altos vidriales de Shanghai, sino en el de los escaparates de esos bazares barateros en los que mucho me temo que si entrara a saco la Inspección de Trabajo se iba a encontrar con un cuadro temeroso. ¿De verdad no se le ocurre nada mejor a ese prohombre para salir de la crisis que ponernos a trabajar como chinos de los que duermen detrás del mostrador, trabajan de sol a sol sabe Dios de qué condiciones, y no echan el cierre ni domingos ni fiestas de guardar? Hombre, que hay términos medios, incluso en situaciones extremas como la que estamos soportando y, en cualquier caso, sobran ejemplos que ponerle a los españoles –el de los alemanes, el de los franceses, el de los yanquis y tantos otros—para animarlos a salir del agujero en que los han metido entre unos y otros, sin recurrir al de los chinitos de bazar. La crisis no la han creado, además, básicamente, sus sufridores, ni es un estigma que autorice a la cauterización en vivo sino un fallo del sistema capitalista. Lheman Brothers no se dedicaba a recoger naranjas ni J.P. Morgan a vender baratijas. Una cosa es exigir disciplina social y otra proponer la lógica del hormiguero.

Cuando se dice que nada será igual después de esta crisis no se para uno a pensar que, desde luego, nada será igual… sobre todo para los trabajadores. Y ese mal derivado –la pérdida de los derechos trabajosamente conseguidos—debería preocupar a nuestros responsables que estoy seguro de que no están pensando en el modelo de la emigración china, tan ligada con sus mafias, por cierto. Hay que quitarse el sombrero ante personajes como Roig pero no hay por qué perder la cabeza.

2 Comentarios

  1. Buen palo, amigo, es usted el único que yo sepa que le ha dicho las del barquero a ese afortunado ganapán. Seguramente él sueña con tener una plantilla de chinitos. Son insaciables.

  2. Es una propuesta absurda, poco pensada, injusta en el fondo. ¿En qué clase de sociedad está pensando ese gran empresario? ¿En una sociedad de semiesclavos y en pleno siglo XXI?

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