Como cualquier observador, el nuevo Gobierno de la Junta ha descubierto a las primeras de cambio que si de lejos se ve nada más que regular el panorama, desde demasiado cerca no hay forma de verlo claro. Si ayer no pudo siquiera sacar adelante la nueva estructura administrativa es debido a la confusión con que percibe el monstruo de la antigua “nomenklatura” entre los recovecos de laberinto. ¿Y qué esperaba? Crece la inquietud en los despachos y la perplejidad en una opinión que acaso no valora la enorme dificultad que implica pensar con dos cabezas y gobernar a dos manos, el socio siempre alerta, vigilante y celoso. Mucha autoridad va a necesitar, hacia fuera y hacia dentro, el presidente Moreno para avanzar con firmeza por la senda del cambio prometido. Que todavía su Gobierno no tenga portavoz da una idea de su embarazo. Nunca dos comieron bien en un solo plato ni durmieron cómodos en una misma cama.

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