Lo más destacable y fundamental de la casa alquilada por la Diputación en El Rocío es que va a servir de punto de encuentro de colectivos de personas a las que les es muy difícil acudir a esta romería si no fuera por la invitación y los medios que les pondremos” (sic). Hace falta tenerla de cemento armado para tratar de tangar a los onubenses con semejante discurso, es preciso tener la cara como la espalda para venir ahora con el chascarrillo de que “Villa Cejudo” es “una casa eminentemente institucional” justo para esas hermandades rocieras que miran con tanta desconfianza la invitación. Cejudo no sabe cómo escapar a la encerrona en que le ha metido su desmesura y su megalomanía, y echa por delante a estos lobitos con sus estudiados e inútiles camelos, mientras su partido calla porque ni siquiera a la mesa-camilla, tan ocurrente por lo general, se le ocurre nada. La Dipu ha dado un paso en falso pero esto no tiene por qué ser el fin del mundo. Después de todo no iban a hacer en Almonte nada que no hayan hecho ya en ‘Fitur’, en Bruselas o en Tokio.

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