La pandemia ha dado de sí lo bastante como para cuestionar a fondo la manida mandanga de la polaridad publico-privado. El “Gobierno del cambio”, por ejemplo, va sin complejos buscando en materia sanitaria  un “modelo de colaboración” que supere las bardas ideológicas en beneficio de los ciudadanos. Arreciará de nuevo desde el radicalismo, en consecuencia, el clamor contra la privatización, olvidando que los primeros ensayos privatizadores partieron, en un Gobierno de Chaves, de un consejero tan avisado como Griñán, aparte de que la práctica de los “conciertos” entre el SAS y la “privada” son tan viejos como la propia Junta. El acierto de la Consejería concertando con el SAMU expresa el convencimiento de que, desde un sistema de salud realista, ya no es posible mantener la imaginaria autosuficiencia del sector público sino que es preciso contar sin prejuicios con los servicios privados.

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