En medio de la galerna fiscal que estamos viviendo, un lector asiduo me emplaza a explicar un concepto al que aludí en una anterior columna, el de “flat tax” o modelo de imposición rígidamente proporcional que propone una misma tasa de impuesto para todas las rentas. Aquí hemos asistido –mirando al dedo en lugar de a la luna señalada—a la absurda polémica de si subir los impuestos era propio de la derecha o más bien de la izquierda, y en los dos sentidos hemos visto responder, llegado el caso, a los preguntones. Bueno, yo no soy ecónomo ni tengo mejor opinión de esa casta que de la mía propia, pero si me lo permite el sentido patrimonial de algunas profesiones, les diré sólo que la “flat tax” consiste en gravar con una misma a tasa a todas las rentas, dado que si un sujeto afana cien veces más que otro, a igual impuesto ya habrá pagado también cien veces más. Sí, no se me amontonen, que penetro el sofisma, y soy de los que creen que las clases menos favorecidas no tiene sentido que contribuyan al común con una carga igual que la de los potentados. Ahora bien, resulta que esa jodida tasa se ha aplicado ya en Rusia, Estonia y hasta Eslovaquia, con resultados excelentes. En mi generación los fiscalistas nos enseñaban en la universidad que cada tipo de impuesto tiene sus pros y sus contras, ya que si el llamado directo grava en realidad al trabajo, el indirecto lo hace sobre el consumo y no hay manera de decidir si es mejor sisarle más cuartos al que más gana o sisárselos a quien consume. ¿Por qué tengo yo que pagar por el tabaco o la cerveza si yo no fumo ni consumo esa espumosa bebida?, nos preguntaba entonces el maestro Naharro, para objetarse a sí mismo a continuación con esta otra pregunta: ¿Pero cómo es posible que el que gana diez pague lo mismo que el que gana cien mil? El colectivismo no tenía problemas en este sentido porque bajo su férula cuánto llegaba a manos del ciudadano venía ya despojado de toda ganga, aunque luego las dachas playeras de Crimea fueran para los mandamases. El impuesto sólo es problema en el sistema abierto, ya ven la paradoja.

Lo que no tienen sentido es la preguntita de si es de derechas o de izquierda subir la carga impositiva, porque la experiencia demuestra que todo dependerá de la circunstancia. Y además, a ver qué sentido tiene detenernos en esta minucia del atraco fiscal mientras nadie es capaz de ponerle el cascabel al gato de los paraísos fiscales. Nuestros venerados deportistas de élite declaran en Andorra como nuestra “beatifull people” lo hace en las Islas Caimán. Ya me dirán lo que a ellos les importa la vaina de esa declaración que cada junio le quita el sueño a los peatones.

1 Comentario

  1. Siento haber estado alejada de este rincón tanto tiempo pero estaba de vacaciones y mi ordi está fuera de servicio.

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