Un Juzgado de Mérida ha acordado la apertura de juicio oral por un delito de maltrato de animal doméstico, por el que solicita una pena de un año de cárcel, a un salvaje que infligió cuatro puñaladas a su perro, un pequeño cocker, antes de abandonarlo moribundo, según las crónicas, para que muriera lentamente desangrado. Con la misma fecha, el tribunal correccional de París condenaba a otro bárbaro –un paisajista en paro, ya condenado por violencia conyugal y que había pasado la noche bebiendo en las tabernas—acusado de haber machacado a su perrillo a golpes de mazo y arrojarlo luego por la ventana para que agonizara en la acera. Cuatro meses de prisión y una fuerte multa le han caído a primitivo veinteañero de Nantes por haber golpeado y quemado con cigarrillos a su indefensa “golden”, y un año prisión más dos de condicional a tres descerebrados que se divirtieron golpeando a dos perros atados al parachoque de un coche conducido a gran velocidad y rematándolos luego con un bate de béisbol. Abundan por todas partes las noticias de esta naturaleza confirmando la tesis de Nietzsche de que, entre todos los animales conocidos, el hombre es, con grave diferencia, el más cruel, al tiempo que crece la conciencia de que semejantes demostraciones de peligrosidad deberían ser sancionadas con una dureza que hoy está lejos de contemplar el legislador. No es preciso ser un franciscano ni un abnegado proteccionista para entender que una sociedad en cuyo seno la crueldad con los animales es tan habitual y asombrosamente refinada a veces, es una sociedad enferma que reclama con urgencia severas medidas de control para contener a tanto loco como anda suelto.

 

Que exista una también creciente crueldad contra las personas –lo que está sucediendo con los niños, incluso con los bebés indefensos, es desolador—forma parte del mismo nefasto complejo psíquico cuya causa debería ser indagada con máximo empeño pero cuyas consecuencias urge que sean sometidas sin condiciones ni miramientos a la disciplina más severa que sea compatible con la razón democrática. Sade relacionó la crueldad con el instinto y, por tanto, con la naturaleza misma, Engels (agudamente) con el miedo, Brodsky con la estupidez. Sea como fuere, lo cierto es que, lejos de remitir, la crueldad se agiganta día a día hasta adquirir en esta sociedad medial un signo alarmante. Por lo demás, el ensañamiento del hombre con los animales forma parte de un fondo cruel en el que se incluye la víctima humana y no cabe duda de que procede de esa banalización del mal tantas veces denunciada. Se empieza torturando a un perro y se acaba en verdugo de cualquiera. El legislador debería tener en cuenta esa evidencia de una vez por todas.

8 Comentarios

  1. La Ley aplicable a estos crímenes es una ley bufa. Mientras no haya ejemplaridad no cesarán estos torturadores en sus canalladas. Cualquiera que esté familiarizado con la vida de los pueblos (y de las ciudades, claro, no excluyo) sabe mucho de estas salvajadas.

  2. Esta sociedad se quiebra moralmente. Lo demuestran exhibiciones de crueldad como estas y otras tantas, sin olvidar la que supone aceptar a diario la situación de tanto desgraciado. Quien tortura gratuitamente a un animal debe ser castigado por la ley como peligroso, es así de sencillo.

  3. Una historia terrible que debe hacernos meditar. Siempre hubo maltratadores de animales pero ni siquiera esos casos institucionalizados (la cabra del campànario, el toro de los alfileres o los toros de fuego y demás) pueden compararse a los de desgraciados que apuñalan o queman a un perrillo indefenso.

  4. Me netero por El Mundo de Huelva de los insultos de que sido usted objeto por parte de algún pieza de la pòlítica en el pueblo que pretendía hacerlo hijo adoptivo, Valverde del Camino, el mismo que sí ha otrogado esa distinción a Garzón. Usted demostró hace mucho tiempo que no se doblega y eso no lo perdonan los chupaculos y tiralevitas, de los que el partido del “régimen” está infestado. Sepa que muchos que le leemos y seguimos hace timepo convcencidos de su imparcialidad y entereza, lo apreciamos hoy más al verlo ultrajado (no injuria quien quiere sino quien puede) por ese que usted ha llamado “miserable a sueldo”.

  5. Sería tan amable Conquerita de explicarnos en qué ha consistido esa injuria a nuestro amigo? Tal vez no sea discreto y entonces me callo, pero tratarñé de enterarme de por qué un pueblo como Valverde consiente que sus autoridades se conduzcan de manera tan palurda.

  6. Conque el hombre es bueno por naturaleza, eh? Ante casos como los comentados se le cae a uno el alma a los pies, triste al comprobar la gartuidad de la maldad humana y la realidad de eso sobre lo que jagm llama tantas veces la atención: lo que Hanna Arendt llamaba la banalización del mal. Hay canallas, criminales en potencia, detrás de todos esos maltratadores. Por eso deberían ser tratados legalmente con el mayor rigor.

  7. La crueldad tendrá que ver con la naturaleza misma, con el miedo o con la estupidez pero desde luego tiene que ver conla cobardía: siempre la emprenden con seres mucho más debiles que ellos, por decir así indenfesos.Quizas el sadismo sea una enfermedad pero si son enfermos y sus cabezas no rijen , es preciso que teman un justo castigo, y , cobardemente, se abtiendrán.
    Con respecto al comentario de Conquerita, estoy con ella y saludo cariñosamente a don JOsé António.
    Besos a todos.

  8. Un horror, un crimen que nadie se decide a cortar por lo sano. Los perros ahorcados es una escena habitual en nuestros campos donde esos bestias alegan que tienen que ahorrarse lo que vale el cartucho de la escopeta cuando el perro ya no les sirve más.

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