Cuando Semprún escribió su primer libelo sobre “Federico Sánchez”, es decir, sobre sí mismo, los viejos del PC recordaron a coro el viejo mote de “Pimpinela Escarlata” con ya le conocían de los tiempos de su costagavriana clandestinidad. A Semprún le chiflaba la clandestinidad como arrastrado por un talante aventurero que le hacía ver en ella una suerte de juego, un ajedrez vital en el que los caballos debían improvisar sus propios saltos, las torres resistir y moverse por sí solas, pero en el que las piezas se comían de verdad. Por eso, ante la noticia de que la policía política detuviera, cuando la gran ‘caída’ de Madrid, a uno de sus compañeros de piso franco, Simón Sánchez Montero, ‘Pimpinela’ no se inmutó sino que fue a pasar la noche como si tal cosa al piso, desde la seguridad absoluta de que los tormentos que, sin duda posible, Simón estaría padeciendo en los calabozos a manos de los verdugos, no lograrían arrancar del supliciado la menor confesión. En la clandestinidad convivieron, como no podía ser de otra manera, activistas del modelo romántico, como Semprún, y militantes estrictos y disciplinados como el propio Simón o como Julián Grimau (el tercer inquilino de aquel piso famoso), y no hay más que echar una mirada a las memorias del que luego sería ministro de González mientras ocurría la locura del GAL, para ver claro el desdén con que aquel comunista galán y sartriano consideraba a sus camaradas de perfil social bajo o “look” pedestre. Grimau era un pobre hombre, Montero un adocenado, el ‘Tanque’ un borrico con buen fondo. Sólo él y sus amigos del “Café de Flore” eran plenamente dignos de acceder al glorioso olimpo en el que se premia al héroe con el néctar de la fama y la ambrosía del reconocimiento. Son cosas que han pasado siempre hasta en los mejores partidos. Nada de extraño tiene que pasara también en el único que se movía durante la tremenda clandestinidad.

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Estamos leyendo estos días obituarios de Sánchez Montero para todos los gustos, aunque entre ellos primen, como es natural, las clásicas elegías con que es habitual adornar la memoria de quienes ya no cuentan. La figura de Simón, sin embargo, se ajusta enteramente al perfil que Sartre trazó en “Situations” a propósito del militante, aquella lúcida y dramática visión de esa forma de alienación, a veces consciente, que eleva moralmente a los hombres justo a base de desposeerlos de su autonomía moral. Recuerdo muy bien la mezcla de afecto y desconfianza con que Simón, un hombre bueno, trataba a los jóvenes que llegaban empujando a la vida del partido, el tacto seco aunque cordial con que frenaba impulsos y proponía desconcertantes ejercicios de paciencia y tenacidad que se avenían mal con las prisas de la edad. Y comprendo que hoy se valore apenas la vida consagrada a una causa que venía de una derrota y tenía mucho de perdida de antemano, quizá porque en la política de la democracia se puedan contar con los dedos los actores que de verdad de la buena tomaron parte en aquella sorda batalla de los clandestinos. Vi en Madrid la última vez a Montero con un grupo de aquellos jóvenes bárbaros ya moderados por el tiempo, y recuerdo con que firme cortesía eludió pronunciarse sobre el tema de la corrupción y otras defecciones de las izquierdas que alguien trataba de plantearle. Pero hace tiempo que esa especie se extinguió en esta selva, olvidada en vida, incluso despreciada por quienes más le han debido, mientras Semprún y su cuadrilla paladeaban sus martinis en el “Café de Flore” haciendo tiempo para cruzar a ‘Lip’ en busca del suculento codillo. La vida es injusta incluso entre camaradas, hasta en la cálida penumbra de la clandestinidad. Algunos recordaremos con veneración, sin embargo, a aquellos héroes opacos sin los que tal vez ningún brillo ajeno hubiera sido posible.

6 Comentarios

  1. El PSUC tuvo en Josep Serradell su equivalente a Sánchez Montero.
    El mejor funcionario: Disciplinado, cauto, hermético y obediente.

    Muy buena descripción la de hoy, de “La cruz del sur”

    Gracias.

  2. ¡ Jo patrón ! ¿ que ha comido hoy? Ha salido por un momento de su ecmnesia ?…incluso literariamente está hoy mejor.
    Gracias, también. Espero que dure…no sé.

  3. Algunos le agradecemos su piadosa lealtad, su sinceridad de hombre equilibrado. Valor, amigo ja, que aunque parezca que hablaba usted hoy del pasado puede que hable del futuro. Se lo dice un “especialista en la Nada”, como usted gusta repetir…

  4. Gracias en nombre de muchos, de los “viejos” especialmente, querido amigo, ¿me permites que te lalme camarada? Hoy París estaba templado, corría un airecillo por este barrio que bien conoces, y he leído tu columna impresa en Les deux Magots. Era un homenaje a Simón, y un reconocimiento a tu lealtad.

  5. No se preocupen, estoy seguro de que ha sido algo pasajero…la primavera y alguna alergia puntual. Hoy mismo volverá a la carga de la mano de PJ.

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