Somos (son, quiero decir) unos extremistas sin remedio. Baste evocar la fiesta-mitin organizada en el puerto de Valencia para recibir al barco abortista como si fuera uno de aquello navíos que recogían por los puertos levantinos a los huidos de la represión durante la guerra civil. Ser comprende que cuanto se haga será poco, desde el lado progubernamental, para disimular la crisis galopante y entretener al personal con estas viejas porfías. Pero traer un barco para practicar abortos en alta mar bajo pabellón holandés no tiene mucho sentido en un país como el nuestro en el que se registran más de cien mil abortos legales al año –algo así como uno cada cinco minutos—y que tiene la tasa de crecimiento abortista más alta de la Unión Europea. Se trata, evidentemente, de caldear el ambiente de cara a la próxima modificación ampliatoria de la ley actual, pero no me digan que esa tragicomedia porteña no resulta forzada en este país donde la “píldora del día después” se dispensa gratis, los condones se regalan y hasta el más desinformado sabe que la norma que hoy legaliza el acto es un cachondeo que se salta a la torera sin la menor dificultad. Todo en este montaje es ‘agit-prop’. Ni hay una sola de las abortantes que subirán al barco que no pudiera abortar en su pueblo con todas las garantías. El problema es que la Banca se desvencija, la Bolsa sube y se desploma cada dos por tres, el descontento erosiona el voto del Gobierno y hay que mover el cotarro haciendo el máximo ruido posible. Es muy viejo, por otro lado, el procedimiento del barco. Nótese que aquí no ha llegado hasta coincidir con el tío Paco del de las Rebajas.

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Pero como somos cainitas por naturaleza, desde la acera de enfrente se está respondiendo con un fundamentalismo parecido. Escucho en una radio católica, por ejemplo, auspiciado por César Vidal, a un mandamás de los evangelistas españoles defender que –aún dando por supuesto que desde la mera fecundación ya está ahí “en esencia y potencia” un ser humano—lo prudente sería luchar por una ley de plazos lo más limitada posible con el objeto de reducir sustancialmente el número de pérdidas consumadas. Pero en la misma onda escucho con cierta desolación la afirmación integrista de la doctrina tradicional que, siendo muy respetable para sus profesos, resulta hoy evidentemente arcaica. Sobre el “bebé-medicamento” de Sevilla, por ejemplo, hemos de oír la retorcida reflexión de que para su nacimiento han sido precisos veinte “asesinatos” (fratricidios, ya puestos) ya que un incipiente embrión no es diferente para estos radicales de un maduro padre de familia. Y bien, ahí vamos, blanco y negro, derecha e izquierda, Yo y El Otro, empecinados en esa inmemorial dualidad que es nuestro mal superior, como si no estuviera claro que los tiempos cambian y con ellos las costumbres, es decir, las morales. Ningún católico radical defendería hoy la quema de herejes como la bendijeron ilustres padres del pasado e incluso la mayoría de ellos ha acabado asumiendo, más o menos a regañadientes, un divorcio hoy desbordado en nuestra sociedad. ¿Por qué no reconsiderar esa bioética famosa que en muy pocos años ha de llevarnos a situaciones benéficas en las que ya no será posible seguir oponiéndole argumentos metafísicos? No cuesta tanto percatarse de que la moral social es la única que funciona a lo ancho y a la larga en una sociedad, pero no hay signos que permitan albergar la esperanza de que –como contrapunto de sus rivales fanáticos—el moralismo tradicional evolucione discretamente revisando conceptos que, vistos al microspospio, aparecen como figuras inaceptables. Nos movemos entre dos dictaduras teóricas y eso no puede ser bueno para ninguno de los dos bandos. Porque bandos son, cada día más, ¡otra vez!, esas dos mitades que nos desgarran. Dicen que los primeros cristianos ya condenaban el aborto. Cierto como que también repartían sus bienes entre todos.

9 Comentarios

  1. Dentro de mis planteamientos malthusianos no entra preocuparame por la suerte de los embriones (ni pretendo que los demás compartan mis creencias) pero lo de darle publicidad al hecho concreto de la criatura a la que han hecho nacer con el fin confesado de hacer curarse a su hermano me parece que no le hace ningún favor al recién nacido, que al final tendrá conciencia de su finalidad concreta al venir a la vida como un nuevo ser; porque, tal como se han planteado las cosas, es inevitable que se entere. Supongo que entonces lo llevarán al psicólogo. “Cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Pues eso, que no estaría de más darse una vuelta por la montaña para escuchar al profeta.

  2. Si a este Anfitrión hubiera que colgarle alguna medalla -que Dios no lo permita, le basta con su pecho limpio, siempre descubierto y me consta que con la honrosísima marca de muchas cicatrices- esta sería sin duda la de oro de la Coherencia. Acompañada del lazo valiente de la Honestidad que no es otro que su propia piel.

    Pero también cayeron los cedros del Líbano. Encuentro un contrasentido en su frase “…un país como el nuestro en el que se registran más de cien mil abortos legales al año…” ¿Legales, mi admirado? Más trucados que la ruleta de los señores Strauss y Perl. Aquí se aborta a calzón quitado haciendo una higa a la ley. De esos cien mil, yo quizás escribiera con menos de cuatro dígitos, los que son legales de verdad, si entendemos por ello cumplir la ley, ‘que la norma que hoy legaliza (?) el acto es un cachondeo que se salta a la torera sin la menor dificultad’ que también ha quedado escrito ahí más arriba. Lo que pasa es que gracias a la blandenguería y el buenrollismo que soy tan pesada en repetir, que ocurre hasta en las mejores familias, desde los trincones rubalcábicos que se llevaron crudo el fondo de reptiles hasta esa opusina que quiere multar al personal por tirar el vasito vacío del yogur en lamisma bolsa que las cáscaras del melón, aquí las leyes son un sucio papel mojado. Otro gallo cantaría si hubiera un control legal, valga el redundancio, de tanto niño muerto. Hablo de fetos viables a los que se trocea con una herramienta, cuyo nombre termina en …tritor, que he tenido el horror de contemplar.

    Confieso que estaba loquita porque el Jefe trajera el tema de los hermanos Andrés y Javier a esta página casinera. Con la suerte además de que puedo enchufar hoy el ordenatilla sin haber salido aún el sol. Aparco ahora con frecuencia últimamente al pie de un roble centenario. Tengo guradadas tres o cuatro bellotillas dispuestas para sembrar. Son el fruto de una fecundación, fusión natural de dos gametos vegetales allá en la primavera. Si machaco con los dientes una para probarla -no lo hagan, no merece la pena- ¿estoy masticando un pequeño roble y condenándolo a la no existencia? ¿No habría que esperar para llamarlo roble a que la bellota cayera en suelo propicio, con condiciones de viabilidad, y luego nos enterneceríamos, yo al menos, al ver brotar esa tímida vida de las entrañas del suelo, con su raicilla ya buscando fertilidades en la oscuridad de la tierra, con su delicado tallo que es un milagro vivo, con su preciosa primera hoja desplegando su ternura y su esplendor? Me van a permitir, díganme luego lo que quieran, que lo admito de antemano, la grosería de un viejo y bastante sucio chiste: Estaba un adolescente dedicado al dulce placer solitario. Su confesor le había advertido que en cada masturbación condenaba a una futura persona a no existir. Entusiasmado en su tarea, no la dio por concluida hasta que su mano pecadora se embadurnó de millones de microscópicas culebrillas. No eran tiempos de clínex y allí tumbado bajo el árbol, cual Salicio y Nemoroso, sacudió varias veces la muñeca antes de limpiarse en la yerba, pero no conseguía que se desprendiera de sus dedos una gota irreductible que pasó balanceándose de uno a otro dedo, negándose a caer a la madre Gea. ‘Joder -exclamó el adolescente- se ve que este venía pa trapecista’.

    Lo de la expresión ‘bebé-medicamento’ es una bellaquería que se ha inventado algún chupacirios de los que usan el lenguaje como arma arrojadiza. No. Unos padres que deseaban tener un segundo hijo, se han querido asegurar de que esta inocente criatura no padecerá el calvario que su hermano lleva padeciendo a nativitate. Para ello se ha hecho una selección de varias de sus bellotas de roble, se han estudiado y se han … -pues la verdad es que nadie sabe qué coño hacer con esas bellotas inservibles- para elegir la sana y milagrosa. Yo simplemente las hubiera destinado al cubo de la basura. Ahora, gozarán de ese precioso hijo sano y deseado y darán gracias a un Dios distinto dEl del chupacirios, porque gracias al estudio y a la grandeza de un equipo de sabios, su hijo mayor va a dejar de ser un niño torturado hasta la muerte precoz a la que estaba condenado.

    Pero han cargado esos perversos de mala baba dos palabras tan sacrosantas como bebé y medicamento. Seguro que su Dios ni piensa así ni utilizaría esos términos tan fariseos: ‘yo no soy como ese publicano pecador ni como esa meretriz que anda coqueteando siempre con el Galileo’.

  3. Huy, se me olvidaba dejar un piropo para esa vieja fea, guarra, prepotente -¿saben que se saltó la cola del deeneí en la comisaría de la calle Luna por el morro?- pseudocomunista, chochotriste y seguramente maloliente, que dice ser y llamarse P…B. , que tiene un hijo bestia y rico. (Lo siento, pero me dan náuseas secas y no voy a escribir el apellido de un cineasta al que tanto admiré).

  4. Gran y equitativa columna, estupendo comentario de doña Epi, dando a disetro y siniestro como se merece esta sociedad dividida
    que señorea Caín. Lamento que el Csino no se anime porque tema no falta y la causas es grave cada día, incluso aquellos en que la ironía de ja lo edulcora y hace tragable. La segunda intervención de la Doña es muy dura pero me ha encantado leerla. ¿Le extraña, sin emabrgo, que esos chupaprivilegios, propagandistas a sueldo, se salten una cola? A mí, no.

  5. Ay, querido ja, querido ja…, en qué brete me pone. Pero una vez más mi conciencia estña por encima de mi alzacuellos: Dios lo benfiga por su equidistancia, por su prudencia, por su independencia. Unos son unos salvajes, los otros, unos fanáticos incapaces de refelexionar. También quiero mandar mi absolución complacida a Doña Epiotravez.

  6. Tiene razón mi D. JA en que somos unos extremistas sin remedio y si no dejamos de lado nuestra personalidad cainita el futuro se presenta más negro que el tizón. El entendimiento entre ciencia y humanidades es el gran reto si no queremos reproducir las barbaridades del pasado y no estaría mal para empezar el comprender que no es el hombre el que debe estar al servicio de la biotecnología sino ésta al servicio del hombre. Hacen falta muchos V. R. Potter creando puentes y estoy seguro que al buen doctor el comentario de D. Genaro le hubiera gustado.
    (Dª Epi hoy ha estado Vd. genialmente arrolladora, pero estoy en desacuerdo con Vuecencia: de medallitas pastelosas nada, al Anfi la Real Orden de Carlos III directamente, y pomadita para la urticaria por si acaso.)

  7. “Cierto como que también repartían sus bienes entre todos.”
    Creo que sí, pero sólo los que no tenían, querido ja.

  8. Ayer no entré porque francamente ¿qué podía añadir una franchuta? Soló decirles que sí, que a menudo en España uno se pasa, que ni tanto ni tan calvo, que van mal las cosas para ustedes en ese plan….pero que por aquín están tambien por el estilo.Y para terminar, ya saben que se quiere tanto o más por los defectos que por las cualidades.
    Me gustan sus defectos, aunque los deplore; a veces pueden ser muy sanos, hasta salvadores. Lo único que no maten…..

    Besos a todos.

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