Días atrás abrió sus sesiones el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Lo hizo para enjuiciar a un bárbaro distinguido en la recluta de niños-soldados durante al inacabable guerra del Congo, el antiguo negociante y cruel activista Thomas Lubanga, aliado de Uganda o de Ruanda, según, pero siempre presente en esa tragedia que ha costado tantos miles de vidas entre la población civil congolesa. Será la primera vez que se juzgue un delito de utilización de menores en la guerra, lo que en sí mismo es esperanzador, y la ocasión de sentar un  precedente notorio frente a esa desoladora práctica para la que Amnistía Internacional calcula hoy no menos de 300.000 combatientes infantiles. Los reclutados por Lubanga protagonizaron los peores momentos de la guerra congoleña, cuando las tropas destacadas por la ONU permanecieron inmutables ante la barbarie desatada en la codiciada región de las tierras fértiles y las minas de oro, a pesar de que, según los propios cálculos internacionales, las victimas fueron lo menos 60.000. Niños a partir de los 7 años, reclutados entre una población deshecha por el conflicto y en plena zona de hambrunas perpetuas, fueron convertidos en auténticas máquinas de matar y sembraron el pánico, armados con sus ‘kalachnikov’, hasta conseguir una leyenda de crueldad inimaginable. Es hora de que algunos de esos malditos condotieros empiecen a pagar sus culpas. Más vale tarde que nunca.

Claro que niños-soldados, fieras tal vez inocentes, pervertidas por la propia experiencia brutal, los hay un poco por todas partes, en todas las guerras que asolan el mundo, desde Colombia a Afganistán, desde Sri-Lanka a Mozambique o Chechenia. Niños y niñas, por supuesto, cuyos testimonios –que pueden leerse sin salir de Internet—resultan conmovedores en su ingenuo salvajismo, capaz de los crímenes más horrendos y ajeno absolutamente al sentimiento humano. Los hemos visto con indiferencia en el cine, en las revistas, armados con sus fusiles y lanzacohetes, vagando como una irreparable plaga por los escenarios del dolor y la desesperación. Está bien, en fin, ver siquiera a algunos de esos canallas reclutadores rendir cuentas a la Justicia, con independencia de que un castigo tan tardío poco vaya a enmendar la situación. La niñez fue siempre víctima forzada o seducida de la guerra. Lo auténticamente espantoso es que en plena postmodernidad lo sea más que nunca.

16 Comentarios

  1. …Es de agradecer a jagm que trate un tema del que ya se ha olvcidado la prensa. Estosmtemas se utilizan para rellenar los telediarios y las ediciones pero luego se archivan para que los apolille el tiempo, mientras las víctimas se pudren a su vez en la realidad. Gracias por atender a cuestiones tan neecsitadas de atención, por llamar la atención al menos, aunque me temo que a los Gobiernos les importa un pito lo que ocurra con esos desgraciados.

  2. Es tremendo y lo horrible es que pasa en América del sud, pasó en Oriente y volverá a pasar, quizas en nuestra propia casa o a sus puertas. Las mujeres y los niños son los que se pueden avasallar y «victimizar» con más facildad y cuando se hallan desamparados, los opresores y los verdugos no faltan.
    Se me pone la carne de gallina pensando en esos horrores.
    Besos a todos.

  3. No es sólo en Amer. del Sur, madame Sicard, sino «un poco por todas partes», allá donde aparece el fantasma de la guerra, como bien apunta nuestro amigo. La uitlización de niños, por lo demás, no es sino otra forma de la bárbara explotación de la infancia y de la adolescencia que esta cultura considera soportable aunque se dé golpes de pecho. Vea las noticias osbre niños torturados, maltrados, abandonados, explotados, considere la constante acción de los malditos pederastas enm el mundo pobre y también en éste. Ha metido a la infancia en la guerra por todo el planeta. Y lo malo es que no se ve una mano de hierro que trate de salvarla.

  4. Tema ya tratado otras veces, porque el anfitrión es persona sensible y atenta a esta barbarie que nuestro gran capellán acaba de describir con tanto tino. Parece mentira que semejantes cosas puedan ocurrirn en el mundo sin que se leventen horrorizados millones de manos contra los canallas que las perpetran. Bienvenida sea esta acción de la Justicia Internaiconal, por esa razón, y ojalá la sentencia sea ejemplar.

  5. Comparezco griposo sólo para adherirme al planteamiento y desarrollo de la columna, valiosa como siempre en su intención y en su estilo. Éste es, sin dadu, uno de los problemas lacerantes de este mundo, y no vale decir que en todas las guerras se han «utilizado» nimos porque eso no es verdad más que como anécdota, excepción hecha de cierta Cruzada…

  6. La culpa la tiene ZP, lo que pasa es que el iluminado que escribe esta página no ha caído en la cuenta. (No se me enfaden carcamales y carcamalas, porfa).

  7. Triste materia, ésta de los niños-soldados, cuya imagen henmos visto tantas veces retratada como si se tratara de una ilustración exótica. Estoy con Ropón en que no en todas las guerras se recurre a ello, y desde luego nunca se recurrió como ahora a ese crimen. Lo que hayu que preguntase es que hace la ONU, qué hacen los mil organismos que protegen sobre el papel (y la nómina) al niño, al ‘ado’ y demás. Porque trodo eso que se comenta hoy es bien sabido por esos organismos que, cuando llega el caso, se dejan acer con un manifiestito y si te vi no me acuerdo. Es triste pero sólo la misión –católica, protestante…– defiende en primera línea a esos desgraciados, lo que no deja de ser testimonial, pero debería de cubrir de vergüenza a los Estados que no mueven un dedo por evitarlo.

  8. Nota para NN: date una vuelta por la esauina de los chaperos, tronco, a ver si encuentras a papá).

    Sobre el tema, mi mayor respeto. Consuela ver que todavía hay gente que no se resigna a estas tragedias, aunque es cierto que ello es un consuelo pírrico.

  9. Gracias por detenerse en este tema que tan poco interés despierta entre sus colegas, tan preocupados por el espionaje de los peperos madrileños y otros temas. ¿Por q

  10. ¿Por qué no escribe algo sobre el tremendo despilafrro de Carod en sus viajes, o en prom,oción del catalán? ¿Y ya puesto por qué no también sobre lo que gastan las autonomías en general? Sería muy interesante, aunque coincido con usted en que el problema de esos niños destruidos es incomparablemente mayor.

  11. ¿La utilización de niños en actividades delictivas «no cruentas» cuenta también? Lo digo porque no hay que andar mucho para ver cómo más de un adulto espabilado se aprovecha de la inocencia penal y personal de los niños para prosperar a costa de las propiedades ajenas.

    No pienso sólo en Oliver Twist, pienso en menores con cada vez menos escrúpulos como para aventurarse a ser sus propio jefes. Admito que una cosa no tiene por qué llevar a la otra, pero el camino de un pequeño hurto a la pandillada que atraca al empleado de la gasolinera está ahí, para recorrerlo en cualquier momento.

    Saludos

  12. En ese drama tan atroz hay muchos responsables y la mayoría nunca se sentarán en el banquillo (vean “Ezra” del nigeriano Aduaka). La postmodernidad del siglo XXI sigue casando de maravilla con el neocolonialismo y con una globalización con más trampas que la mansión de Fumanchú.

  13. tanto poder descontrolado hace perder la nocion de que los pies hay que tenerlos sobre la tierra con la contrapartida de que el loco nunca se ahorca

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