He oído a la consejera de Cultura de la Junta andaluza hablar en la tele de una exposición de recuerdos del genial Henri Michaux y explicar amablemente a los desinformados que aquel prodigio del surrealismo basó su experiencia tanto en los periplos reales que lo hicieron patear medio mundo, como en los “viajes interiores” a los que accedía por la estrecha puerta de “ciertas sustancias” (¡hay que joderse con la pudibundez!) que permitían a su ya dúctil imaginación volar a paraísos lejanos incluyendo los inaccesibles. Escuchar a una responsable política ese elogio implícito de la droga psicotrópica me parece tan incoherente como estimulante, lo primero porque choca de plano con la retórica oficialista frente a la drogadicción (en España está penado poseer una maceta de marihuana, no se olvide) y lo otro, lo del estímulo, porque viene a ser como una rendija abierta a la esperanza de tanta gente como aspira a ver enfocado este grave asunto con sensatez y sentido de la realidad. Adicto a la solera y al ‘dry Martini’ y superviviente del diazepán y la maprotilina,  no seré yo quien me alarme ante el ingenuo quiebro de la consejera, convencido como estoy hace mucho por el provocador magisterio de Tono Escohotado de que no hay cultura sin drogas ni peligro alguno en ellas cuando se utilizan con conocimiento y rigor. Los maestros de la Escuela de Frankfurt, que ignoro si la consejera frecuenta o ignora, esto es, los Adorno o los Horkheimer, no se privaron de catar los derivados del cáñamo como testimonia un delicioso libro de Walter Benjamín que el difunto duque de Alba, Jesús Aguirre, hizo editar hace años bajo el título de “Hachis”, y sería interminable la lista de personajes de toda especie que han convivido estrechamente con la droga por razones fruitivas, desde luego, pero también convencidos de su potencia creativa. La droga, como todo en esta vida, no es mala ni buena en sí misma; lo que puede resultar pernicioso y hasta fatal es su abuso, como todo en esta vida también. Aparte de lo cual, una consejera de Cultura explicando sonriente al gran Michaux en función de sus “colgadas” no deja de resultar paradójica, no me digan que no.
                                                               xxxxx
Entre las tribus urbanas que la delegada del Gobierno en Madrid perjura que no existen en Alcorcón figura una, sin embargo, que ostenta el título hilarante de los “FAD”, que significa “Fumados A Destajo”,  una razón grupal no tan anómica como la de los “LMC”, esto es, “Los Más Cabrones”, pero que dice mucho sobre la situación real de ese divino tesoro que es la edad iniciática. Pero es que, según una contrastada encuesta científica practicada en Bélgica, que encuentro en el diario “De Standaar” firmada por un doctor Hans Cooman, resulta que uno de cada seis deportistas veteranos (el 15’2 por ciento de los encuestados, para ser exactos) se dopa a modo de toda la vida sin que ni prejuicios ni prohibiciones hayan bastado para disuadirlos, un dato para uso de elitistas que discurre paralelo al plano lógico en que se mueve la consejera cuando explica con naturalidad al común de la ‘basca’ las drogadicciones del genio creador. Sería inacabable la relación de genios drogatas, por supuesto, pero ello no libra a una responsable política del peso de esa flagrante contradicción que supone mantener una costosa Agencia contra la Droga y una legislación absurdamente punitiva para la ‘clase de tropa’ mientras miran comprensivos, si es que no complacientes, a los ‘colgados’ del ‘Estado Mayor’. De Michaux dijo, Jules Supervielle, que conocía infinitamente mejor que esta espontánea la tragedia implícita en su vida, que realmente había sido durante toda ella su propia cobaya. No se puede decir mejor con menos palabras desde la propia literatura lo que desde la política activa no deja de ser una irresponsable, aunque tal vez inocentona, inducción al consumo de lo mismo que se prohíbe con tanta dureza en la vida cotidiana.

1 Comentario

  1. ¿Cómo es que tenemos dos columnas hoy? ¿Y por qué ambas fechadas del 25?

    No sé cómo comprender ésta, porque entiendo que las drogas no se deben poner entre todas las manos y considero que médicos, sabios ,sociólogos, et prensa fueron muy culpables al fomentar entre la juventud el consumo de drogas, incluso las más «anodinas», afirmando que no eran dañinas, o que eran más inocuas… ¡qué el tabaco!
    Hay que ser prudente con esto: los que saben tienen el deber moral de informar y protejer a los «inocentes».

    «La droga…no es mala ni buena en si misma.Lo que puede resultar pernicioso y hasta fatal es su abuso» LO malo es que es adictiva. Entre un Michaux,u otros muchos con cultura y objetivos claros y tantos colgados «de la tropa», dista mucho.
    Yo he visto los estragos que esas subtancias hacen entre la incauta juventud y pienso que hay que prohibirlas terminantemente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.