Se da por supuesto que una investigación seria habría de arrojar insospechadas sorpresas en materia de viajes oficiales que, ni siquiera en estos tiempos del cólera, se ahorran nuestros políticos. El caso de la Diputación de Almería, de que ayer daba cuenta este periódico a sus lectores, con sus “viajes fantasmas” (es decir, pagados por inexistentes), sus facturas por noches hoteleras de fin de semana y otras ocurrencias de ese repertorio que ya va siendo, desgraciadamente, habitual, raya en lo esperpéntico pero seguro que no más que otros muchos de los que no tendremos noticias. El turismo político no se detiene ni en plena crisis. La paciencia de este paisanaje es, realmente, colosal.

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