Estimulado por las múltiples alusiones al caso, he releído estos días el viejo libro de Kapuscinski “La guerra del fútbol” (mi edición veracruzana de 1980 se titula “Las botas”, no sé por qué), aquel brillante reportaje, como todos los suyos, que el entonces corresponsal universal de la Polonia comunista, hizo sobre el conflicto armado entre El Salvador y Honduras que tuvo lugar en Julio del 69. No se le podía escapar a aquel observador que una contienda tan estúpida (100 horas, 6.000 muertos, 12.000 heridos, 50.000 personas sin hogar) poco tenía que ver con los incidentes originados en los partidos de fútbol que ambos países debieron celebrar en la fase previa del Mundial del 70, y tras el primero de los cuales, perdido por un solo gol en el último minuto, una muchacha hondureña casi adolescente, incapaz de resistir semejante afrenta patria, se descerrajó un tiro en el corazón con la pistola militar que su padre guardaba imprudentemente en una gaveta. Era la cuestión de la tierra, en efecto, la presencia de 300.000 colonos salvadoreños en las tierras fértiles de la empobrecida Honduras que señoreaba la famosa United Fruits Company, la causa real de aquella explosión que, sin embargo, es cierto que tomó el incidente del suicidio patriótico, hábilmente utilizado por el Gobierno títere, como causa inmediata. Otra vez la mujer en el origen de la guerra, siquiera sea a título falaz, como Horacio avisara en los expeditivos versos de su Sátira 13, “Nam fuit ante Helenam cunnus taeterrima belli causa”, que no traduzco por consideración al respetable, pero que convertían a la hembra en la razón de muchas guerras. Así se escribe la Historia: ni fútbol ni mujeres fueron causa de un conflicto que, como la inmensa mayoría, no tenía más razones que las económicas. Cuarenta años después, tengo entendido que la vieja herida futbolera se ha cerrado pero es la imagen de la desdichada heroína, como era de esperar, lo que se anda exhibiendo por ahí estos días. También se continúa exhibiendo a la pobre Helena a pesar de que hoy sabemos de sobra con qué poca base cuenta ese mito troyano.

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Poco necesitan los pueblos si no para desencadenar invasiones al menos para enardecerse como energúmenos contra el enemigo real o inventado, y eso es algo que saben bien los mercaderes del conflicto, que han utilizado desde siempre el recurso sentimental para disfrazar sus intereses. Claro que a veces la ocasión les cae del cielo bajo las diversas especies de la afrenta, para las que la imaginación no tiene límites. Una muchacha suicida vale por mil discursos en la mentalidad gregaria como lo demostró aquel miserable graffiti que hace ahora cuarenta años apareció en las paredes de Tegucigalpa: “Venguemos el 1 a 0”. No cabe más elementalidad que en esa necia convocatoria. Muchos de aquellos desgraciados seguro que lucharon y aún perdieron creyendo que combatían por le honor de una mujer.

4 Comentarios

  1. Toda la razón, mi don Caleu, por tanto descanso dominical. Y casi que no llego a tiempo por ser domingo, día de respingo que decían cuando yo era chiquetiyo.

    Revela el Anfi un cuchillo afilado cuando nombra a la United Fruits Company, tan responsable de tantas cosas feas como han ocurrido y ocurren en el istmo entre las dos Américas. Como defendí ayer a la gran nación USA, hoy no se me cae ningún anillo -no gasto- por considerar a la poderosa UFC como la gran depredadora y causante de muchos males.

    Precioso el artículo al que acudo con el link que ha dejado. Como contrapunto ahí está Lisístrata, heroína de la paz con la abstinencia cunni que impuso a los maridos. (Uno ya ha olvidado el poco latín que aprendió).

    Bacci per tutti.

  2. Hoy lunes: pobrecitas de nosotras que demasiado se nos echa la culpa de tantas cosas!
    Saliendo de contexto creo que lo mismo pasa con la religión , creada por nosostros y que sílo sirve de excusa a tantas guerras.
    Besos tardíos a todos.

  3. Menos mal que el partido era de El Salvador , si lo llega a capitanear Estados Unidos , las consecuencias hubieran sido otras.

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