Ha muerto, retirado en un oscuro pueblo de la Francia profunda, el ex –general Aussaresses. El general Aussaresses es una de las figuras más tenebrosas de la postguerra europea, un espadón que ejerció en Argelia, durante la guerra de independencia, de verdugo confeso y libre de cualquier remordimiento. Sospecho que la inmensa mayoría de los verdugos, se muestren contritos o no, no se arrepienten nunca, pero lo que ya es menos frecuente es que uno de ellos, consciente del resultado de su confesión, publique una memoria aterradora de sus maldades, no sólo sin mostrar siquiera atrición, sino manteniendo su razón criminal con la más repugnante sinceridad, como hizo este monstruo, hace unos doce o trece años, en su libro de memorias “Services Spéciaux, Algérie 1955-1957”. Nunca leí –acaso con la excepción de “Mon metier la mort”, la biografía novelada de Rudolf Lang, el comandante de Auschwitz, que escribió Robert Merle—un testimonio tan infame, tan inhumano, tan miserable, como el que en aquel libro ofrece ese general luego degradado que confesaba “estar habituado” a la tortura y sostuvo que ésta se convierte en legítima cuando se impone la urgencia. Pero, sobre todo, pocas veces he sentido una sorpresa tan ingrata como la que Aussaresses nos da al insistir en que aquellos martirios eran conocidos por los políticos o incluso en que el propio Mitterrand, por entonces ministro del Interior, habría animado a los torturadores en alguna ocasión siniestra. La minuciosa instrucción del caso Lasa y Zabala permitió revivir la vesania de unas autoridades que consintieron una de las más abyectas represiones vividas en nuestra democracia, pero al menos los Galindo y compañía negaron los hechos y se parapetaron en un esperpéntico discurso patriótico. Aussaresses, no. Aussaresses presume de que sus torturados por la noche no llegaban a ver la aurora porque él se encargaba de “neutralizarlos” hubieran confesado o no.

 

Pocos fenómenos tan atenidos a un canon como el de los verdugos, casi siempre instalados –lo demostró Daniel Sueirio con “Los verdugos españoles”—en un plano moral e incluso sensitivo muy lejano del común. Aussaresses ha muerto sin excusarse jamás, con sus temerosas memorias por almohada, acaso sin que el rostro de alguna de sus víctimas le nublara la agonía. Y no es el único, por supuesto. La democracia es lenitiva en exceso con esos bárbaros. Todo lo dura que es, en cambio, con el pardillo que, a lo peor distraídamente, pisa la linde penal.

13 Comentarios

  1. Ahora se acuerdan aquí de Billy el Niño. ¿Un poco tarde, ¿no? Las responsabilidades o se sustancian sobre la marcha o se diluyen. Hay demasiados verdugos impunes.

  2. No sé si usted conoce bien la circunstancia de la guerra de Algeria que usted llama “de Independencia”. Si no es así conviene que conozca los crímenes de la otra facción, los atentados en Paris, etc. Aussarreses fue un militar que cumplió órdenes, me parece a mí. Los terroristas eran otros. Puedo estar equivocado. Si es así le ruego que me disculpe.

  3. Fuerte denuncia, justísima. La apoyamos de todo corazón. ¿Va a ser verdad que todos, pp y psoe son los mismos? ¿Llevará razón Rosa Díez? ¿Y ella, retiraría ella las “concertinas” de la frontera?

  4. Me maravilla encontrar a esta hora encontrar hasta cinco comentarios. El tema bien lo requiere.

    No atino del todo como era aquella frase de que lo preocupante no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos. Esta claro que mi don JA es de los que no se callan.

  5. Imposible poner puertas al campo, imposible vaciar el mar. Las migraciones son un fenómeno masivo propio de este siglo, como aquí se ha dicho y repetido varias veces. Las cuchillas lo único que lograrán es dar la medida de la insolidaridad de los políticos profesionales, de ambos bandos, por supuesto.

  6. Una historia tristísima, malvada sin duda. No hay piedad para el indefenso, solamente se respeta la fuerza. Esos “ensayos” repetidos de saltar la valla lacerante lo proclaman, qué pena comprobarlo.

  7. El Estado criminal. En muchos aspectos. con cualquier color político. ZP iba de lo que iba mientras pagaba las cuchillas en la frontera. Estos de ahora las justifican. Todos iguales.

  8. He leído el libro de Aussaresses y conozco su historia. Era un militar procedente de la Escala de Complemento (no de Saint Cyr) -fruto de la II GM, habiendo presumido de encabezar en Francia un “maquis” de exiliados españoles- y licenciado en filosofía y letras. A mayor abundamiento se cabreaba cuando se le comparaba con los dictadores. Siempre sostuvo su iedología democrática, laica y republicana. Siempre se movió en los servicios secretos , aunque también perteneció en Indochina a una unidad paracaidista, mandada por el coronel -después general- París de Bollardiere, que será cesado de su mando en Argel, tras protestar contra la tortura.

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