Buena la ha hecho ese grupúsculo segregado de la Plataforma de la Ría causante de la decisión judicial que ha paralizado la obra –decisiva para la capital—del paseo marítimo que proyecta el Puerto. Otra vez el fundamentalismo que no va a ninguna parte, en fin de cuentas, pero que enreda y perjudica todo lo que puede, lamentablemente en busca de notoriedad en la mayoría de las ocasiones. No tengo duda de que ese pleito será efímero y el respetuoso y bien gestionado paseo marítimo (me consta) se acabará haciendo. Pero para entonces el grupúsculo habrá logrado dos objetivos, aparte de su cuestionable y cuestionada promoción: retrasar ese progreso urbano y desprestigiar un ecologismo tan necesario como descentrado.

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