Si algo demoledor está aportando esta abrupta campaña a la realidad política es la indignante quiebra de la credibilidad de los candidatos a juzgar por las acusaciones que entre ellos mismos se cruzan. Zapatero llamó el lunes 10 veces mentiroso a Rajoy y éste le devolvió el cumplido en 27 ocasiones. Chaves también trató de desacreditar a Arenas sin el menor tacto y Arenas usó como idea-fuerza la de que Chaves tiene irremediablemente agotada su credibilidad. Todos se acusan de mentir, con lo cual no solamente cuestionan los proyectos sino que desacreditan al propio sistema, un sistema que, evidentemente, carece de instrumentos para constatar lo que es verdad o es mentira, incluso cuando haya ocasiones en que las pruebas estén a la vista, como los incumplimientos de los compromisos electorales o la propia experiencia de los ciudadanos. Es ya un tópico la imagen del político embaucador. La democracia, a este paso, será más pronto que tarde una farsa completa. 

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