Empieza tímidamente el verano azul, con sus playas reticuladas y su otoño brumoso. Todo es improvisación en el “Gobierno bonito”: la “distancia social” de los bañistas, el dudoso aforo de bares y chiringuitos, los exámenes pendientes, el pago de los ERTE… Hablan muy serios/as dando instrucciones que ni ellos/as saben cómo aplicar, se olvidan de sumarse al pacto europeo para garantizar las futuras vacunas, traen loco al personal indagando a quién le tocará la “renta mínima” y a quién no o cómo carajo se sentarán los escolares los colegios. ¿Qué no habrá sitio? ¡Pues ahí está el patio del recreo reconvertido en aula! A la hora de racionalizar, poco puede el sapiente Castell frente la vara mágica de la Celaá o la verborrea de las Montero. Van a hacer un pan como unas tortas. O eso parece.

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