Quizá la aportación más visible de la pandemia sea el descubrimiento de la asistencia telefónica. El paciente, presunto o convicto, ha de conformarse con escuchar –sin ver– al médico que, a distancia, habrá de adoptar sus medidas. Lejos queda aquella “relación médico-enfermo”, tan cercana y reconfortante, que propuso en su día Laín Entralgo, y ese paciente tendrá, por lo general, que armar su paciencia llamando ansioso al teléfono ocupado que, en el mejor de los casos, logrará conectar sólo tras larga insistencia para, a lo peor, ser emplazado en términos inasumibles. El informe de expertos (reales, no imaginarios como los del Gobierno) que posee la Junta avisa sobre los riesgos de esta práctica que –dicen ellos— no sólo puede provocar un déficit de atención sino minar la indispensable confianza en la consulta. Claro que si ignoramos hasta los médicos disponibles…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.