Las delfines del castrismo han elegido para las postrimerías del régimen un lema bastante parecido al que, en su día, tanto juego le dio al presidente Aznar. Consta de dos palabras tan solo y aparece en la cartelería gigante propia de la revolución cubana junto a la imagen tranquilizadora de un presidente rescatado ilusoriamente de la UVI y enfundando en el viejo uniforme verde de toda la vida. “Vamos bien”. No se sabe quién va bien, claro está, sobre todo en este momento en que ni siquiera está claro quien es quién en el país, pero una encuesta elaborada en la provincia de Villa Clara por el doctor Nancy Nepouceno, y presentada en el Taller Nacional de Geriatría y Trabajo Social, ha aportado resultados verdaderamente extraordinarios sobre la vida cubana que bien merecen ser tenidos en cuenta. Por ejemplo, que Cuba –un país de poco más de once millones de habitantes—cuenta en este momento, sobre una esperanza de vida que se aproxima a los ochenta años, nada menos que con tres mil personas centenarias, de cuyo estudio escrupuloso los sabios aborígenes han deducido que la larga vida, genetismos aparte, es cosa debida sobre todo a una alimentación sobria a base de pescado, huevos, leche, carnes de ave, legumbres y los clásicos tubérculos, asociada a un ritmo sosegado de existencia, al control del consumo de alcohol, a los beneficios del café abundante y, para remate, a las delicias del tabaco. Poca sal, menos condimentos naturales y, por encima de todo, sexo, mucho sexo, todo el sexo posible, tal y como se recomienda, digamos que oficialmente, en el “Club de los 120 años” creado nada menos que por el mismísimo médico de cabecera de Fidel, doctor Selman-Housein, que se ocupará de la revolucionaria tarea de enseñar a vivir largamente, a pesar del racionamiento y las proverbiales gurumías, a la sacrificada población de la isla. Castro mismo lleva camino de entrar en el Club aunque no sabemos en qué estado y circunstancias y eso que, a pesar de tantas leyendas amorosas como se le atribuyen, siempre planeó sobre su figura esa imagen de lejanía y frialdad sexual que caracteriza o se atribuye a tantos dictadores desde Franco a Stalin.
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Resulta, pues, que una fórmula tan sencilla como la de café, copa, puro y lo que venga  constituye el secreto mejor guardado de los patriarcas, o al menos el de esos tres mil centenarios que tascan su veguero sentados en cualquier esquina de la Habana Vieja, contemplando indolentes, con los ojos entrecerrados, el vaivén de esos culos mulatos que cuentan que fascinaron a Hemingway –el fanático del daiquirí de ‘Floridita’ y los mojitos de “La Bodeguita del Medio– que dicen ahora que alardeó en su momento de haberse cepillado personalmente en Francia a 122 prisioneros alemanes en su papel de agente disimulado del servicio secreto americano. La vida le va enseñando a uno cosas estupendas o terribles, como puede verse, y en ocasiones como ésta incluso nos desmonta los viejos prejuicios que ha divulgado desde siempre la beatería de “lo saludable” que encontramos por doquier reconvertida en una suerte de estética de la renuncia. Eso de los dos vasitos de tinto (Rioja a ser posible, claro) como garantía de la salud que se nos repite tanto, por ejemplo, o ese proyecto de proclamar “patrimonio de la Humanidad” una dieta mediterránea que mucha gente sabe que fue un invento subvencionado del doctor Grande Cobián subvencionado por el ministerio, constituyen dos buenos ejemplos de lo que decimos, pero la experiencia cubana nos ofrece un panorama bastante más divertido. Van bien en Cuba, por lo visto, como asegura la propaganda, a pesar de los pesares, de las “barbacoas” inhabitables, las raciones de ron y mandioca, y del arroz y los fréjoles para los “moros y cristianos”. No sé Castro, pero algo me dice que los chaperos del Malecón van a vivir más que Matusalem.

16 Comentarios

  1. Voy a adentrarme in terris discrepantium, Maestro. Hoy en todos los másters de geriatría a los discentes se les machaca con lo de añadir vida a los años, antes que años a la vida. La nuez del asunto está en definir qué sea de eso de “añadir vida a los años”. Vayamos al ejemplo: No hace tanto murió nuestro longevo nacional, huy, perdón. Era un menorquín, creo que con poco más de 112 años, fresco y lúcido, que leía a diario la prensa, charlaba con quien se le ponía a tiro y quiero recordar que soltero. Esto tal vez hablaría de un sexo en solitario en que sólo él podría haber dado datos de número y caso, así como del más que supuesto abandono en su momento. Refutaba ello además la teoría de la prevalencia del sexo fuerte, el femenino of course.

    Por otra parte, el núcleo de centenarios más agrupados de Europa, cohorte le llaman los estadísticos, creo, se encuentra en una región de la bota italiana, algo aislada, pero donde no falta una variedad dietética a la que seguramente podríamos llamar adriáticomediterránea. Poco que ver con el monótono régimen alimenticio cubano del que los visitantes de la isla se quejan.

    En cuanto a la biblia dietética de Grande Covián -tengo mi duda entre esta b ó v- pues también discrepo lo mío. Evidentemente fue el precursor que se atrevió a decir lo que en su tiempo eran auténticas herejías: sobre el emblemático aceite de oliva, por ejemplo, o los dos vasitos de tinto, riojano o de otra tierra, siempre que fuera honrado. Nada de los manchegazos de su época o de los claretes con los que se hacían encajes de -malos- bolillos, por los perniciosos aditivos de aquel tiempo. (Para que un vino peleón no se remontara con el tiempo y el transporte se le echaba de todo. Créanme, que sé que lo que digo). Sin embargo el descubrimiento, posterior a su muerte de los hoy archifamosos Omega 3 y 6, vienen a corroborar no sólo la excelsitud del verde oro oleico, sino también la del pescado azul, denostado por barato y abundante, propio de plebeyos, por tanto. Ya en el Cantábrico se ven pocas anchoas o bocartes, y empezarán a considerarse -y a pagarse- como verdaderas delicatessens. Al final, una vez más, el binomio oferta/demanda.

  2. Vaya guasa que se trae con Castro, Jefe, con tantos que hay por ahí que se lo merecen igual o más. A ver si le echa alguna vez una flor, aunque sea entre espinas, que el pobre hombre ha hecho también sus cosas buenas aunque no se le quieran reconocer.

  3. Lástima que ja no haya aporvechado para hablar del aspecto mítico de la longevidad, que me consta que él conoce bien, del significado de la imagen patriarcal y todo eso. Pero como broma está muy bien traído lo de los viejos cubanos. Esa imagen de los abuelos con los ojos entrecerrados de la Habana Vieja me ha puestoi por delante mis viejas imágenes.

  4. Ayer no dije nada sobre el tema por razones obvias, que mis compañeros se encargaron de matizar con cuidado y sensatez, pero estaba plenamente de acuerdo con la tesis implícita en la columna. Hoy no sé qué decir por verme tan cerca (bueno, tampoco hay que exagerar) de aquellos ancianos comedidos que supieron elegir tan estupenda fórmula de vida.
    Escrito a las 13:02

  5. Ese menú o dieta de que habla la propaganda cubana es una ilusión seguramente, porque la realidad de la isla se parece mucho más a la caricatura amable que hace jagm al hablar de los racionamientos. No hay que tragarse las propagandas, ni las cubanas ni las de aquí. ¡Porque anda que si fuéramos a creernos lo que nos cuentan estos demócratas con que nos ha bendecido el destino!

  6. La alusión a Hemingway valiente: no hay por qué temer a los demonios inquisitoriales, pero esté seguro de que van a decirle dentro de poco que está usted con los “revisionistas”. Hace poco ya se contaba otra historia del gran novelista, esta vez en Madrid, en un hotel de Callao, donde despachó con desdén la solicitud de mediación para salvar una vida que alguien le hacía. Se puede ser seductor y un gran canalla. Hace tiempo que sospecho que don Ernesto era las dos cosas, pero me conforta ver que alguien que piensa desde la izquierda no se corta a la hora de señalar.

  7. Esos ancianos estarían muy ben aquí, ahora que se ha aprobado –¡¡¡¡¡¡con el consenso de los dos rivales!!!!!!!!- la ley de Dependencia. Pero ¿cómo están en Cuba, lo sabe el sr. gm, lo sabe alguien? Porque me temo que si los que están en edad productiva no tienen casi de nada, los venerados ancianos las estarán pasando canutas. ¡Como no sea que en el Club ése del médico de Castro les pongan un circo!

  8. Para empezar no me creo ese número de centenarios, ni la pretendida causa de la longevidad. ¿De dónde sacarían esas provisiones “sanas” esos viejitos en un país al que le dan racionado el arroz y el ron?

  9. Bien hallados, amigos, a pesar del enrarecido ambiente que vivimos. La columna de hoy, que a mí me toca de cerca por ser ya un anciano casi venerable, me gusta: es bonito pensar en esos centenarios parsimoniosos, sobrios en su yantar, comedidos en la bebida y activos en lo que no parece que sea yo la persona indicada para aplaudirles. Cuba es país al que hay que tratar con respeto especial porque también recibe un hostigamiento espacial hace muchos decenios, demasiados, sin que me meta ahora en culpas e inocencias. Entre otras cosas proque. además de esos ancianos numerosos, habría que hablar también de esas generaciones nutridas que fueron salvadas de la muerte precoz por una acción eficacísima de la sanidad nacional. No tengo que decirles que yo no soy castrista, pero me cuento –com cuento a jagm– entre quienes procuramos dar a cada uno lo suyo. Bonita columna, sí señor, de esas que levantan un poco el ánimo en medio de tanta burricie.

  10. Querido (ísimo) maestro, ¿cree usted que en Cuba habrá en su día una reivindicación de le memoria histórica como la que leo que está siendo demandada en España? Curioso: en los años que viví allá (usted los recuerda, seguro) ni se hablaba del tema. Déjenme como argentina que les aconseje el bálsamo del olvido, justo en estos días en que auí por casua de algún secuestro vuelve a hablarse de lo que pasó. ¡Hace mucho menos tiempo que en España!

  11. ¿No le dice nada que ERC haya subido en las encuestas, señor independiente? Desde que calla la voz del Charnego (o don JUan que es como se hace llamar ahora) no oigo en ese rinconcillo españolote ni una voz atenta a estos pagos.

  12. El tema de hoy me sosiega tras el terremoto de ayer, al que vi que mis colegas contribuían con sosegadas precisiones. Desde luego, da que pensar que el hecho de los 3.000 centenarios –hecho dudoso, no debo ocultar entre amigos mi opinión–, en un país que, como ya se ha dicho, hizo muchísimo por reducir la mortalidad infantil, que era terrible, y consiguió éxitos que lo acreditaron como paradigma para muchas naciones, algunas entre ellas, europeas (Francia, sin ir más lejos). La evocaciòn de ja, preciosa, y lo de los culos mulatos, el ron y la mandioca, delicioso como evocación. Lo del sexo pródigo es lo que me inquieta. Somos incorregibles, está visto y demostrado.

  13. Igual el secreto de Fraga se lo trajo de Cuba, porque me pega mucho cuánto dice ese estudio castrista aplicado a nuestro diplodocus. La limitación de la vida tiene sus ventajas, en todo caso, amigo don ja, porque imagine usted que se nos planta en los 100 esta caterva rapaz y sigue ganando elecciones… No quiero ni pensarlo, amigos, no sé que pensarán ustedes.

  14. recuerdo cuando soñábamos con cuba libre, llevábamos en la solapa escuditos del ché, creíamos que la zafra era una epopeya y que el gran jefe visionario de la sierra sería inmortal. Y compruebo que lo único qye está a punto de confirmrase es esto último. ¡Era inmortal!

  15. Muy bueno lo de “la ilustre fregona” que viene ahí abajo. Creo como usted que ninguna mujer de su casa, ninguna trabajadora de su casa quiero decir, “presume” de fregona. Lamento que el blog desconozca a la dama aludida por Aron, pero les aseguro que ésa no ha cogido un estripajo en su vida. ¿Se imaginan ustedes a Pasionaria o a Clara Campoarmor diciendo en público que ellas eran amas de casa que fregaban su cocina? Bien, don Aron, bien apuntado.

  16. 00:09
    Sr. Bruch: Algunos echamos de menos a los Sres. Charnego, Argamasalva,. M Stein y también al Sr. Trebonio.
    No me cabe duda de que podría Vd. sustituir con éxito a alguno de ellos. Adelante.
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    Simpática la columna de hoy, pero me hace recordar el despilfarro del bufet del hotel donde me hospedaba, los estupendos menús de los paladares donde nunca faltaba la langosta mientras los cubanos que tenían suerte comían arroz y guisantes negros todos los días.
    También recuerdo que no pudimos encontrar una venda en ninguna farmacia de La Habana, y por supuesto, no había medicinas de ninguna clase.
    También había dos clases de cubanos, los que tenían contacto con los turistas y por lo tanto dólares y los demás. Entre los demás había algunos privilegiados que eran funcionarios y ganaban entre 10 y 12 dólares al mes en unos papelillos que llamaban pesos.

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