Ha ganado Valderas el pulso a la militancia de su propio partido, IU, en Bollullos, su pueblo. Se trataba de ponérsela en bandeja al PSOE –una vez más– y Valderas, un especialista ya en ese negocio, ha cumplido su parte del trato. Es curioso, para empezar, que quien gobierne la coalición sea uno que no es capaz, elección tras elección, de ganarse el acta en su propia tierra, pero pocas dudas pueden caber de que ese fracaso no le impide servir fielmente a su eterno rival. En la legislatura pasada ya hicieron el negocio salvando al presidente de la Diputación de su traspiés en Valverde a cambio de generosas compensaciones en la institución provincial que, entre otras cosas, para eso está. En ésta sigue el juego, cada día más cerca del fin, cada minuto más lejos del proyecto que fundara Anguita ya punto estuviera de poner contra las cuerdas a Chaves. Valderas tiene que ganarse el pan, el hombre. Es un derecho, en fin de cuentas, que cuesta negárselo a cualquiera.

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