Cuesta creer que, al paso que va la burra, lleguemos en tiempo y forma a eso que los sabios llaman la “inmunidad de rebaño” pero algo va quedando más claro cada día: que la pandemia, más allá de la trágica ruina, conlleva también un negocio suculento. Es una vergüenza el espectáculo del trapicheo internacional tanto como la insolvencia de la mayoría de sus gestores que culminaba antier con el enérgico desmantelamiento del contrabando italiano. Y ayer mismo pudimos ver aquí maniobrar de nuevo al Ministerio amagando con propuestas de ajuste horario frente a la estrategia de una Junta autónoma que le responde exigiendo, como única solución realista, las vacunas hasta ahora irresponsablemente regateadas por este Gobierno desnortado en sus forcejeos internos. La inepcia política ha trabado hasta ahora el éxito científico.

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