Rajoy nos ha repetido en el Congreso la conseja de las vacas flacas. Las del sueño de Faraón, que interpretó José enunciando a lo divino una auténtica teoría del ciclo económico. Vienen vacas flacas como antes vinieron vacas lucientes a las que hemos contemplado paciendo en el prado, durante años, con la yerba por las corvas. Tras la última crisis y hasta la actual, los mismos arúspices que hoy despliegan el desastre nos mostraron su ingenuo convencimiento del crecimiento continuo, inacabable, infinito en la práctica, como si el mundo, en medio de tanto estruendo y tanto desastre, hubiera alcanzado por mano de milagro la panacea del bienestar. Eran las  vacas gordas, las rozagantes que luego hemos visto devoradas –y esta vez no ha sido un sueño—por las famélicas, mientras las espigas enclenques daban cuenta de las pujantes. ¡Qué utilidad la de la metáfora a la hora de la teoría! A ver quién resume mejor este ir y volver, que esta condición alternativa, esa realidad humana que hace que la vida misma sea, considerada en perspectivas amplias, una vasta noria a la que, uncidos como el asno, rodeamos una y otra vez con los ojos tapados. Rajoy ha hablado de vacas flacas, parece que ha hecho caso al vidente y ha anunciado su propósito de adaptarse a los tiempos, atrojando desde hoy sin descanso para garantizar mañana nuestro propio sustento. No habrá cuartel para los despilfarradores, las raciones han de ser tasadas, una justicia distributiva de tacto fino ajustará los bienes y accionará el mecanismo del reparto. No queda otra. Los sueños son una cosa muy seria –somos nosotros mismos, como sabía Shakespeare— sólo que reflejados en una imagen alegórica cuya clave es imprescindible encontrar. Ya vendrán las otras vacas, las gordales y cebadas, y otra vez el prado habrá de parecernos terreno seguro, predio inagotable para nuestro beneficio. No hay animal más racional que el hombre. Tampoco lo hay más olvidadizo.

Son los “tiempos recios” de que hablaba la doctora Teresa, acaso dialécticamente inevitables sin queremos que la rueda de la fortuna siga girando. Unas veces se gana y otras se pierde. Lo que no parece que exista es el edén perenne que imaginaron los popes de la “new age” que son los mismos, por cierto, que hoy ponen y quitan estrellas a las economías como quien no quiere la cosa. La visión del Génesis se adelanta y aventaja a las previsiones de los Smith, de los Ricardo, de los Marx, de los Keynes o de los Hayes, según decía José, porque es palabra de Dios. Cualquiera sabe. Yo he escuchado a Rajoy viendo al país hipostasiado en la cara de Faraón. La vida no es lineal. A ver quién nos hubiera dicho esto hace diez años. A ver.

5 Comentarios

  1. Otro de sus precioso artículos, joyas auténticas. Y de acuerdo en el mesurado juicio político que encierra. Es usted admirable y por eso se lo digo con el mayor respeto y seguro de que no se envanecerá por tan poco.

  2. Me gusta la teoría bíblica del ciclo ¡económico y esa fgura de José leyendo el destino a Faraón. Lo he pasado muy bien esta mañana ñeyendo la columna.

  3. Es verdad que la imagen del Génesis prefigura la alternancia de fortuna en la ecomomía, aunque yo creo que no encaja con la experiencia capitalista, pues en este terreno se trata de otra experiencia, de otras causas y efectos diferentes. La mcolumna, preciosa, he disfrutado leyéndola.

  4. No soy yo el más indicado para hablar, pero me temo que esta desbandada de los últimos días suponga para don ja un cierto desencanto. ¡¡¡Trabajar tanrto para que ni le den a uno razón!!! La columna de hoym, sin ir más lejos, es por lo demñas muy valiosa y un ejemplo de cómo se puede hacer literatura sin sacar los pies del tiesto de la ciencia social.

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