Un alto responsable de las empresas alimentarias acaba de predecir el empobrecimiento de los países europeos. Jan Zijderveld, prioste del imperio comercial holandés Unilever, no tiene ninguna duda sobre este vuelco de nuestra economía continental, en cierto modo coincidiendo con la idea expuesta en 1958 por Gabraith, en “La sociedad opulenta”, de que el gran pecado que entre todos hemos cometido es el de consumir los bienes de consumo descuidando los servicios sociales, una propuesta que fue contestada por Hayes quien no veía en la incitación publicitaria ningún riesgo sino todo lo contrario. Zijderveld, mucho más pragmático y sin retirar la mano de la registradora, da por seguro, en todo caso, que la pobreza volverá por sus fueros en Europa y se propone, en consecuencia, adaptar su oferta a las posibilidades de un consumo de presupuestos mucho más cortos como, según el Finacial Times Deustchland, está ocurriendo ya hace algún tiempo en el mercado español. Me entero, por otro conducto, de que una organización caritativa española ha debido recurrir a una especie de servicio a domicilio para acercarle la comida a familias de pobres vergonzantes que no son capaces de acudir directamente a los comedores a recoger su sustento. Vuelve la pobreza más bien severa, esperemos que no como la de otras etapas que hemos malvivido antaño, pero con la virulencia precisa para que, al menos durante una larga temporada de reajuste financiero, nada vuelva ser como era y tal vez el lastimoso espectáculo de las gurumías descritas por Galdós en la sufrida clase media y hasta en los cortejos de la miseria reproducidos con disimulada ternura en las tragedias de Valle.

El problema consiste quizá en que mientras se desmadeja el grueso de la sociedad sabemos que hay sectores que se han enriquecido hasta límites difíciles de concebir, especulando con la circunstancias de los “nuevos pobres”, en el mayor fracaso de un sistema económico no impuesto de que haya memoria. No volverá en mucho tiempo aquel excedente basado en el crédito amable que permitía a los ciudadanos medios un nivel de vida creciente y al dinero unos márgenes que se han demostrado ilusorios. Es la lógica de las vacas gordas y las vacas flacas enmascarada en la crítica teoría de la sociedad desigual. Los listos del mercado, simplemente, ha decidido adaptarse a las posibilidades reales de la pobreza.

3 Comentarios

  1. Clara: el Marcados tendrá que adaptarse a la penuria…o morir. Ya hay por ahí mucho negocio queestira las rebajas o se ofrece a asumir el IVA. Y más que habrá por desgracia, El Corte Inglés en cabeza.

  2. Pues sí, el negocio es el negocio y siempre se adaptará a la clientela para seguir ganando.Veo los precios de los coches de base y me pregunto por qué antes esos mismos eran muchísimo más caros.
    Besos a todos.

  3. Se ha puesto de moda negar vque TODOS hemos contribuido a la crisis, aunque claro está que los consumidores tienen mucho mnenos resposabilidad en ella que los quen mandan. Galbraith llevaba y lleva razón.

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