El enredo fenomenal de la Oficina de Extranjería, que arrastra ya demasiado tiempo, va de mal en peor. No tienen más que escuchar a la responsable decirle al juez que la Subdelegación conocía puntualmente lo que en ella ocurría –y han ocurrido cosas, ciertamente, bien graves– o que la custodia de los expedientes perdidos correspondía al ordenanza, bien entendido que ese modesto funcionario no disponía ni de un mal candado para mantenerlos a buen seguro. Han pasado muchas cosas en esa ‘delega’ ante la indiferencia o, al menos, la inacción del responsable máximo, que no es otro que el Subdelegado, un personaje desconcertante porque, cada vez que se enreda la cosa, une a su discreto prestigio la evidencia de estos fallos garrafales. Las excusas que llevamos oídas en esa Oficina pasan hace años de la raya sin que Bago se de por enterado ni siquiera cuando se han producido situaciones injustificables. El ‘delegata’ no quiere problemas. Con ello no hace más que imitar a quien representa.

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