Se reclaman cerebros para el futuro imperfecto de la ‘Andalucía imparable’ pero proliferan los informes que denuncian el desempleo de los postgraduados, la estafa de los másteres, la incapacidad de la actual universidad de proporcionar a sus alumnos una formación humanística y práctica adecuada a tan grandes objetivos. Pero nos enteramos de que, sólo en los últimos diez años, en las universidades andaluzas, vivaquean 50.000 estudiantes menos –crisis que la Junta atribuye en exclusiva a dudosas razones demográficas—y que muchas de ellas se ven obligadas a ‘estimular’ al personal para que recale en sus aulas. No iremos muy lejos por este camino, sobre todo mientras los responsables de la crisis pierdan el tiempo entre el autobombo y la política, en lugar de enfrentarse a una reforma drástica de lo que no funciona.

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