Está resultando sorprendente la dureza del enfrentamiento civil registrado en Francia en torno a la nueva ley que ha autorizado los matrimonios gay. Grandes broncas callejeras, con enérgicas intervenciones de la policía, están dilucidando en la calle lo que en las Cámaras mantiene enfrentados también a los políticos, y eso es algo que, en todo caso ha de sorprender mucho a quienes suelen imaginar a aquel gran país, a estos efectos, como una Jauja abierta de par en par. Los argumentos resuenan igual que en tiempos de Ovidio –“entre todos los animales no hay ninguna hembra que sea arrebata por la pasión por otra hembra…” (Metamorf. IX, 733)—sólo que ahora se esgrime también el factor de la paternidad como un impedimento para esa uniones. Lo que no deja de ser curioso, en todo caso, porque en el primer tercio del XVII un protegido de Richelieu, Isaac de Benserade, obtuvo un éxito considerable en la corte con una pieza basada en el equívoco matrimonio de dos hembras, obvio “remake” del lugar citado de Ovidio en el que se refiere la extraordinaria aventura de Iphis y su amigo Iante solucionada “in extremis” por la diosa Isis “con su ingeniosa técnica”. También en “Orlando Furioso” resuena ese equívoco que, en realidad, ha sido una sugestión de todos los tiempos. Los adversarios de la nueva ley se proponen continuar su lucha pública como un desafío abierto contra una decisión política de la que no ha desaparecido el eco ovidiano: “Ni la vaca se siente inflamada por el amor de otra vaca, ni las yeguas por el de las yeguas; el carnero va a su ovejas, tras el ciervo va su hembra”. Esta especie de integrismo naturalista no tiene, como puede verse, edad.

Nada hacía prever que España tomara tanta ventaja en la competición postmoderna y menos que en Francia las resistencias pudieran ser tan enérgicas y perdurables como para que lo que en tiempos de Richelieu fuera celebrado hasta por el rey resulte hoy día tan irritante. En Roma pude contemplar una manifa de gays que gritaban desencajados aquello de “Zapatero, santo subito” y la verdad es que aquí los ecos ante esa trascendental reforma de la estructura social básica se han acallado en bien poco tiempo. Hollande ha batido todos los récords de impopularidad y la ley ha salido adelante pero aún ha de resonar con fuerza ese bramido de fondo que prueba la vieja sospecha de Camus de que Francia es un país básicamente conservador.

5 Comentarios

  1. Júntense las parejas como mejor les parezca, no creo que haya que entrometerse en ello. Llamar «matrimonio» a cualquier combinación de género y número es lo que me rechina a los oidos. Ya puestos, ¿por qué no llamar matrimonio a la unión de dos humanos y una «Harley Davidson»?

  2. LLevan ustedes mucha razón. ¿Habremos de recordar a Calígula y su caballo? Francia, como concluye gm, es una nación de instinto conservador, a pesar de sus aventuras. La experiencia de la RF fue decisiva en este sentido, a mi parecer.

  3. No entiendo a qué vienen las citas de Ovidio en pleno siglo XXI. Seguro que si usted quiere Ovidio y compañía valen para desacreditar la libertad, la democracia y todo lo que hoy estimamos no le parece usted? Lo de la vaca es muy desagradable.

  4. Estoy con don Rafa y con don Akela.Qué berrinche tienen y a qué tanto lío! Qué hagan entre ellos u ellas lo que les plazca pero que dejen de incordiar y de llamar matrimonio algo que no lo es.
    Besos a todos.

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