He creído todos estos años, oyendo hablar a Trevijano y a Antonio Romero, que el republicanismo había quedado –salvado sea Anguita—para una izquierda irredenta y perdedora. Sí, porque no había en el panorama español un solo signo de crisis en la estimativa popular y también, todo hay que decirlo, porque hemos visto cómo prosperaban las revistas del papel cuché. Pero empiezo a creer que me equivocaba, no porque vea en el horizonte un claro tricolor sino porque la propia institución, se ha personalizado tanto que ha terminado por desinstitucionalizarse. Tanto “juancarlismo” para arriba y para abajo, ha ido socavando el rigor conceptual de esa forma de gobierno que, en teoría pero también en la práctica, no lo duden, exige ante todo ejemplaridad. ¿Puede tolerar un país de parados la noticia de que su rey sufra un  accidente en un exclusivo safari en el que ni siquiera estaba solo? Pues a lo mejor, porque ya sabemos que el éxito del borbonismo es una subespecie del casticismo, un efecto simpático de índole irracional que arrebata a las mismas masas que, ya en dos ocasiones, echó a la Monarquía. Si por desgracia –porque esas cosas son siempre una desgracia—esa infanta imputada hubiera de ser paseada en la carreta aunque fuera sólo hasta Carabanchel, no duden que habría majos y manuelas festejando el suceso con agua, azucarillos y aguardiente. Los pueblos son mudadizos, por abajo y por arriba, y lo mismo que aclaman a los mitos los arrastran por el fango.

 

No parece que el derrotero que acaba de tomar el destino borbónico vaya a acabar con la monarquía pero sí que abre una rendija por la que se vislumbra la ceremonia de la abdicación como único estupefaciente para calmar este espantoso calambre. Y no porque el republicanismo apriete –que desde luego, no ahoga—sino porque nunca es tarde para que desde dentro de la propia institución el sentido común se imponga de una vez. Una infanta imputada es un desastre, pero una infanta en el trullo (del eventual indulto ni hablemos) es un baldón que no hay blasones que lo resistan. Los de la madrugada del 23-F peinamos ya demasiadas canas si es que nos queda pelo y los que vienen detrás han de ver el incidente como un caso penal más. Bastante tenemos ya con un Rey constitucionalmente inmune. Lo que parece mentira es que de ello no se hayan dado cuenta ni los protagonistas ni la cortecilla que los rodea en la nómina.

8 Comentarios

  1. Pasa por alto el Anfitrión, él sabrá por qué, las vergüenzas al aire que, en libros editados aunque muy silenciados, del Borbón en aquella noche de febrero. Y sobre todo, el inmenso silencio sobre sus visitantes en los días anteriores a aquel 23.

    Por otra parte, también está publicado que la ocultación del aborto en la famosa clínica D***r era el equivalente a un familiar golpe de estado. Felipe, cuyo reinado se prevé tan oscuro como el de Witiza, nunca habría obtenido el plácet del padre y de la mamá sobreprotectora, si los ya doblegados reyes hubieran sabido, además del conocido divorcio, que la muchacha se quitó tiempo atrás un bulto del vientre por comodidad. Por mucho que amenazara y tirara el niño las patas por alto.

    Pocas atribuciones ya las de la corona aparte de la ejemplaridad. Y esta palabreja suena ya a swahili en Zarzuela y Zarzuelita.

  2. Difícil situación, son necesidad de entrar en los pormenores que don Epi, con su simpática agresividad, argumenta. A mi parecer lo malo de esta situación, y lo que en buena medida la explica, es el propio ejemplo del Padre, que no tenía un duro –o eso se dijo siempre de don Juan– y ahora resulta que sale destacado entre los millonarios de Forbes.

  3. Creo que el Anfitrión no se calla nada, sino que pone el acento en la inflexión “juancarlista” de la monarquía, una verdad como una catedral. Ahora no queda otra que administrar Justicia, que es lo parece que se está haciendo, y tal vez ir pensando, en efecto, en una abdicación no traumática.

  4. Buen corazón muestra ese paréntesis (“…porque esas cosas son siempre una desgracia”. Buen sentido el resto de la crítica. Estoy muy de acuerdo con el señor Espadón, pero no me atrevo a insistir en ello…

  5. Me devuelve un comentario una mano invisible que me acusa de enviar demasiado rápido. ??????¡¡¡¡¡¡

  6. De acuerdo con don Pangloss :el ejemplo viene de arriba.
    De acuerdo con don Espadón y con el señor cura de pueblo:don José António siempre habla con mesura y generosidad.
    Y de acuerdo con don José António cuando afirma que están pagando hoy el exceso de protagonismo del rey.
    Besos a todos

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