Temo que la voluntad de la nueva consejera de Educación, Teresa Jiménez, aventaje con mucho a la herencia que ha recibido. Su comparecencia parlamentaria, demasiado atenida al “candidismo” del que, felizmente, nos hemos librado (empezando por Chaves), ha despertado inquietud en una comunidad escolar hasta de coles y promesas falsas, disimulos y camelos oportunistas, Y la huelga contra la ley de Calidad –que ésa sí que es una herencia envenenada—debe de hacerle comprender que constituiría una temeridad mantener la ocurrencia de su antecesora para camuflar el fracaso del sistema educativo, es decir, el sobornillo a los docentes por falsear la realidad. Sería un error irreparable atenerse al programa heredado, funesto y denunciado por la inmensa mayoría de los enseñantes aunque no sólo por ellos. Desmarcarse de él, en cambio, puede que fuera un acierto sumamente beneficioso para Andalucía.

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