Va a causar sensación el libro del postulador de la causa de beatificación del papa Wojtila, Slawomir Oder, que sale estos días al público y anda ya disponible en Internet. Son revelaciones formuladas con la intención  más favorable, como es natural, pero que escuchados fuera resuenan extrañamente en los oídos del ciudadano actual incluido, probablemente, el de profesión católica, porque, al margen de que ahora resulta que el torturado pontífice había dispuesto renunciar en caso de graves dificultades físicas (¿quiénes y por qué decidieron, entonces, arrastrarlo penosamente hasta el final?), lo que el postulador cuenta es que el papa se mortificaba de manera habitual por los procedimientos más arcaicos, desde el autocastigo corporal a base de azotes a la tortura de dormir desnudo en el suelo frío noches enteras. No se cuestiona el criterio personal de un creyente como él –por más que su ejemplo no es el de cualquiera– sino la rareza que supone ver confirmada en sus propios actos aquella fórmula que definía a Wojtila como “un papa de la Edad Media con televisión”. Sé bien que sigue habiendo partidarios de la estricta disciplina y convencidos de que el testimonio cristiano pasa por el sufrimiento o la negación de la naturaleza, pero también que en amplios sectores de los creyentes actuales hace tiempo que esa imagen de la santificación fue superada por la evidencia de que su primitivismo poco o nada tiene que ver con el mensaje evangélico. Esos ayes de dolor que cuentan que se oían en la noche vaticana y esa sangre derramada no me parecen discutibles frente a la libertad personal del personaje, pero estoy convencido de que, en la perspectiva de una religión abrumada por los efectos secularizadores de un mundo que se le escapa, la flagelación y demás medios de autotortura tienen poco que hacer. Wojtila fue un santo inactual disfrazado de moderno. Me parece que las revelaciones de su postulador van a permitirnos la explicación de muchas cosas.

 

Comentando un día con un misionero amigo mi recuerdo infantil de los cilicios de mi madre –unos armadillos de tela basta con lacerantes púas metálicas–, se limitó a señalarme un pasaje de Leon- Dufour que alertaba sobre las consecuencias sobre el ideal de santidad que implicaba la diferencia teológica entre “cuerpo” y “carne” que el apóstol Pablo introdujo frente al arcaísmo que imponía su confusión. Mi amigo, que pasa su vida en una comunidad en condiciones infrahumanas, bastante cilicio tenía con bregar entre las chabolas. Dudo que estos santos desconocidos se flagelen o pasen penitentemente sus breves noches en vela.

10 Comentarios

  1. Pero ¿no era usted creyente, mio giglio?¿O está a la que salta? Ay, la conherencia de estos rojos/cristianos/loquesea necesario. Coincido en repudira la disciplina, peromi caos no es el suyo.

  2. ¿Ve lo que ocurre por ser imparcial y sincero, don ja? Ahí tiene a ese merluzo reclamando para sí lo que le niega a usted, que es lo propio de ese pseudónimo. Pero en cuanto al fondo, me ha parecido brillante la ta de cita del gran maestro Leon-Dufour y su distinción, aparte de la delicadeza con que la columna respeta la libertad del papa flagelante. ¡No se meta en berengenales! Recuerde la famosa frase del Quijote que casi todo el mundo cita mal: “Con la Iglesia…”.

  3. Este papa es un ser muy complejo, y no me siento yo con derecho a criticar sus actos. Por otro lado, porqué no voy a aplicarle a él lo que otorgo a cada quisqui cuando me vienen a contar de que si ha hecho esto o lo otro: cada cual es muy libre de hacer lo que quiere con su cuerpo dentro de casa…..

    Con respeto a los silicios y las mortificaciones decía mi papá que el infierno era aquí. A veces desde luego, para algunos lo es.
    Un beso a todos.

  4. No sé qué dirán las lenguas afiladas y bienhumoradas como Yamayor y cía., pero a mí me ha gustado mucho el tacto con que ja se plantea opinar sobre un ejemplo nada menos que del papa que le parece –como a mucha gente, no lo duden– completamente fuera de época. JA no cuestiona la libertad de enteder como se quiera el deber religiosos, pero opina, creo que con más razón que un santo, permítanme la broma, que los cilicios pintan poco en esta época tan necesitada de otras “mortificaciones” mucho más prácticas. Wojtila era un hombre convencido hasta el tuétano y hacía lo que creía oportuno para realizar su ideal religioso. No duden que hay muchos cristianos hoy que no esperan del papa cilicios sino una decidida apuesta por las grandes necesidades.

  5. No puedo evitar el horror qu eme producen esos instrumentos de tortura que evoca el anfitrión ni el rechazo que me provoca la autotortura, inocente prima hermana del masoquismo. Hay poca gente hoy que espera que un papa se flagele, mucha que entienda la necesidad de abordar el cambio mental profundo que aconseja incorporar a la mujer –acuérdense de Magdalena–, liberar de su yugo a los sacerdotes bajo voto o entregarse a una política de oslidaridad que pase por la eliminaicón del fasto vaticano. No se puede tener un banco y flagelarse de noche. Con todos mis respetos, eso fue lo que tuvo claro el pobre Juan Pablo I.

  6. No está la magdalena de yamayor para tafetanes humorísticos, mi buen don Pangly. No obstante tal vez mi salida de hoy le suene a alguien a peteneras.

    Cada uno, a cierta edad, acumula una biografía más o menos bizarra y conozco a gente de muy buena voluntad que se ha atado más de una vez el cilicio al muslo porque ese control del dolor le permitía controlar asimismo otras situaciones extremadamente difíciles. Por otro lado, la biografía de Wojtila es la que es y de 1920 a 1945, de infancia a premadurez, esos años tan decisivos en la defincion de una personalidad, no fueron precisamente fáciles para el muchacho. Tal vez el recurso fue el más fácil que encontró a mano. Luego se le pudo convertir en algo más.

    Apoyo con esta idea lo de que cada maestrillo y más sabe el loco en su casa. Ya lo dice nuestra querida doña Marthe.

  7. Pues a mí me parece que el hecho es significativo y el comentario tiene interés, porque es probable que la religión tenga todavía un papel que jugar en la sociedad más importante de lo que algunos piensan. Aquel papa era simpático pero duro: que se lo pregunten a los propios curas, sobre todo a los que tenían problemas de irregularidda (yo conozco a un par de ellos). Y no qiso sabe nada de una posible reformna ewconómica de la Iglesia, cuyo efecto sobre la Humanidad esa que se muere de hambre sería incalculable. En fin, que lo de los correazos y las penitencias suele ser un sustitutivo de mayores y más serios compromisos morales. Mírenlo desde ese lado.

  8. O masoca o algo peor. Una pena. Un hombre respetable. Véase hasta qué punto las viejas creencias son indelebles.

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