La imagen de los alcaldes y dirigentes del Sindicato Andaluz de Trabajadores (CAT, antiguo SOC) sancionados por practicar, a estas alturas, la absurda estrategia de las ocupaciones resulta de todo punto anacrónica. Ni esas presencias valen para nada ni esas multas impuestas por la Justicia dejan de ser floclore político, al margen de que detrás de las protestas en cuestión haya que reconocer una situación especialmente dura que se explica que busque dar salida a su cabreo. Es verdad que “Novecento” queda lejos. Pero también que hace muchos años que la autonomía viene dando la espalda al campo.

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