El numerito final montado por el TC para salvar a gusto de todos (y de nadie, claro) el Estatut catalán me recuerda una escena que vi hace años en alguna película de guerra americana y en la que cierto mandamás cortaba en seco las objeciones críticas de algún subordinado escrupuloso con un argumento que, vuelto del revés, podría haber usado la muy parcial presidenta de la casa para poner orden entre sus magistrados: “No estamos aquí para practicar la democracia sino para defenderla”. Y a partir de aquí se precipitan las perplejidades. ¿Por qué ha tardado cuatro años ese órgano bienpagado si resulta que la sentencia podía hacerse en un día? ¿Cómo puede decir la vicepresidenta primera del Gobierno –la misma que fue filmada abroncando en público, como a una mandada, a esta otra  cuestionada presidenta—que una sentencia que confirme en un hipotético 92 por ciento el texto recurrido es una buena sentencia? ¿Acaso entiende que un 8 por ciento de inconstitucionalidad es cosa baladí? ¿Y cómo se pretende colar este pésimo ejemplo de cambalache en virtud del cual un tribunal ha logrado –¡tras cuatro años de espera, no se olvide!—salvar la papeleta a base de cambiar cromos entre sus miembros en plan éste para ti si tú me das aquel? ¿Qué significa, por lo demás, esa convocatoria del pueblo a manifestarse “bajo la senyera” lanzada por el presidente regional que se presenta como el posible pródromo de tristes experiencias ya vividas en una época bien distinta? No sé, la verdad, pero no entiendo ni el pesimismo de unos ni la satisfacción de los otros. ¿O es que 14 artículos declarados inconstitucionales, 27 sometidos a interpretación y el desmontaje legal de esas dos gemas de la joya de la corona condeferal que son el título de nación y la “preferencia” de la lengua local no suponen un palo tremebundo para compensar la insensata tolerancia usada con el resto? Ni Salomón borracho trocea ese niño tan malamente.

 

Sí, el TC ha jugado una vez más a eludir la defensa de la democracia con el ardid de practicarla, como si a los ciudadanos, al interés común de la única nación, les importara un bledo las componendas de esos ropones que en poco tiempo volverán a la nada política de la que surgieron. Porque aunque hayan salvado a España de palabra han dejado su existencia real a los pies de los caballos. ¡Y para eso han echado cuatro años, las criaturas! Sólo por curiosidad, los ciudadanos deberían enterarse de cuánto les ha costado la hazaña de esos guardianes de la Constitución que han terminado repartiéndose su túnica ya que rifársela hubiera sido demasiado. Incluso para la vicepresidenta segunda y su obediente abroncada.

9 Comentarios

  1. Je suis trop dégoûtée, me dan asco tanta cobardía y mercantilismo.
    Un beso a todos.
    PS: Lo de ayer, lo de los niños, igual; dan arcadas al leer y no estoy para eso.

  2. “Haga usted como yo, Fulánez. No se meta en política.” Es la conocida frase del generalín ferrolano, que gobernó media eternidad, al par que cazaba, pescaba, echaba quinielas, veía cine y tv y hasta pintaba al óleo y escribía guiones cinematográficos.

    No le den arcadas, mi doña Marthe tan querida. Simplemente evite estas pamplinas de la política. ¿No se ha dado cuenta cómo el Anfitrión mete el dedo en varios millones de ojos al referirse a la región catalana? Pues, eso. Una pequeña picardía y esa punta de obscenos a los que alimentamos y soportamos que sigan con sus cromos y sus cambalaches. No merecen la pena.

  3. Tengo la penosa sensación de que si bien ha podido salvarse la implosión/explosión de España, el Estado ha quedado seriamente averiado. ¿Que es eso de la “bilaterialidad”. Valencia hece lo lógico –¡tan criticado!– de aplicar ahora la cláusula Camps y exigir para sí todo lo que el TC le ha consentido a Cataluña. Este Gobierno, em da pena decirlo, ha hecho un gran mal a España.

  4. Y que lo diga, Páter. “Nadie ha hecho más mal en menos tiempo a España”. Lo dijo Aznar, pero como si lo hubiera dicho Napoleón.

  5. ¡Cuatro años…! Esos cuatro años de tejer y destejer el estatuto de Penélope han dado de rendimiento a sus incompetentes tejedores el pretexto para alargar sus sueldos impagables a unos inútiles que en cualquier otro caso habrían sido sustituidos en forma y fecha.

  6. Creo que nuestro amigo Miller anda muy preocupado y no es para menos. A mi manera de ver, esta sentencia reforma la Constitución entrando en ella a saco por la puerta de servicio. Y son responsables todos los partidos… aunque unos mucho más que otros. No se culpe a los nacionalistas en exclusiva ni al temerario de ZP comprándole a esa pandilla su apoyo para ser presidente y luego para mantenerse en el poder. Aquí no se escapa nadie porque todos, unos más y otros menos, repito, fueron cómplices. Cada cual por su motivo, es lógico, pero cómplices.

  7. Una sentencia mala por tardía, por “compuesta”, por perniciosa. ¿No se habrán percatado esos ropones de que han dejado resquebrajada la propia Constitución? Ni me creo ni me dejo creer el cabreo de los nacioanlistas; simplemente considero que ZP ha hecho posible lo que el más radical de esos mangantes reconocidos –se lo dicen ellos mismos unos a otros: el 3% famoso–hubiera soñado antes de llegar este insensato sin escrúpulos.

  8. Estoy muy de acuerdo con casi todo lo dicho, por el columnista y por los amigos del Casino. Y comparto la inquietud de algunos de ellos por esta situación que, me da la impresión, no se ha valorado como es debido. El tiempo dirá que se ha hecho con este potage.

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