La perla de la leyenda de los ERE puede que sea la aventura del empresario indio que timó a la Junta sacándole una millonada (“caja ERE” y, por descontado taquilla de la Agencia Idea) prometiéndole un milagro industrial que nunca existió. Esa historia no cabe en esta croniquilla pero sirva de índice del cinismo del indio y de aquella bizcochable Junta, el desplante final de exigirles a los munificentes un compromiso de impunidad a cambio de una colaboración final que tampoco tuvo lugar nunca. A los gestores autonómicos les daba igual, por lo que se ve, que el tinglado del indio estuviera constituido en las paradisiacas Islas Vírgenes y tuviera su sede en Uganda. Un día el indio se piró, dejó amarrada la perra y nunca más se supo.

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