La plana mayor de la política francesa se ha volcado en elogio a la muerte de Pierre Mauroy. En el 84 fui con el presidente Borbolla desde Bonn a Lille para asistir a una reunión del comité de Regiones Europeas presidido por el viejo zorro Edgar Faure a la sombra del alcalde de la ciudad, Pierre Mauroy, aquel “toujours ouvrier” no poco idealizado pero rebosante de simpatía y talento político. Por allí nos encontramos –Borbolla y yo íbamos de dignos peatones pero nada más—con un Pujol que llegó en su comitiva escoltado por Maciá Alavedra y un enjambre de secretarios y cogecosas, flameante en la limusina el banderín cuatribarrado. La reunión era, por supuesto, una puesta en escena y de ella sólo recuerdo (y encuentro en mis notas) los brillantes comentarios de Mauroy sobre el difícil porvenir del socialismo y las pullas, brillantes y malévolas de un Edgar Faure empeñado, no sé por qué, en hablarnos de Racine. Mauroy nos invitó a una asfixiante cena en el Ayuntamiento y tuvo especial deferencia con Borbolla y hasta conmigo, una vez que pegamos la hebra del fracaso de las enérgica economía que él había vivido en su difícil mandato como primer ministro de Mitterrand y, en general, sobre el azaroso futuro que aguardaba al socialismo en la postmodernidad, que entonces aún no se llamaba así. Entre dientes despotricó fuerte y flojo de Faure quien le ponía los comentarios a huevo con sus observaciones sobre una Europa de la que el introductor del IVA en su país no creo que esperara demasiado. Recuerdo que Pujol no logró la atención en ningún momento a pesar de pasarse la cena braceando como un gnomo empeñado en pontificar.

¿Racine? Mauroy sacaba punta afilada al empeño literario de Faure, lo que no dejó de impresionarme puesto a considerar sobre la grave diferencia entre aquellas élites cultas y la tropa española, pero recuerdo que nosotros le devolvimos la pelota metiendo por medio las sombras de Sartre, de Camus, de Flaubert y hasta de Villon, lo que nos permitió mortificar algo al viejo Faure que había saltado de la IV a la V República y, de pasada, descubrir un insospechado fondo de lecturas en el “político obrero”. Todas las voces coinciden hoy, como digo, en elogiar a este hombre singular y cercano que ha sobrevolado ileso su selva partidista entre Mitterrand y Michel Rocard, que ya es sobrevolar. Nos confió su deseo de venir algún día a Ávila, ignoro por qué razón. Que yo sepa se ha ido sin celebrar esa visita.

9 Comentarios

  1. Nostalgias del pasado. No veo en don ja mucha nostalgia de aquellas tareas, pero sí de los años, que pasan como el viento…

  2. ¿No ven ustedes un cierto paralelismo entre Faure glosando a Racine y nuestro numen de San Bernardo siempre con el pendrive de las obras completas de Lope enganchado al iPad para releerlas del Introito al Ite missa una y otra vez? (juás, juás…)

    Por otra parte sí que debió ser un espectáculo contemplar al patafísico Ubú President braceando para ser escuchado entre gargajeo y gargajeo.

  3. ¡Pero mira que es usted malísimo, don Epi –ego te absolvo–, trayendo al escaparate la figura de su “númem” de san Bernardo”! Me encantó asomarme por la ventana de arriba a una escena tan lejana pero retratada con tanta viveza. Debió de ser estupenda una cena con Edgar Faure y Pierrre Maurois, y nuestros entonces jóvenes españolitos disertándoles sobre letras francesas. ¡Lo que yo daría por ver más de cerca a Pujol en ese retrato! No se me ha escapado la presencia de Alavedra, luego metido en peores cenas…

  4. Estupenda estampa con mucha enjundia crítica. No me imaginaba yo al anfitrión metido en esos berenjenales. (Supongo que sería funcionario, ¿me equivoco?

  5. Agradecimiento por la atención que usted tantas veces ha prestado a Francia y a las personas y cosas francesas. Como eso no es frecuente en la prensa española, estoy encantado de leerle cada mañana. Hace poco asistí al acto de la Academia de las Buenas Letras en la usted hizo oficio al presentar la memoria de Camus y reivindicarlo muy acertadamente. También se lo agradezco.

  6. Efectivamente, Mr. Pierre: don ja opositó en su día al cuerpo técnico superior de la Administración y desempeñó tareas oficiales, también en la Junta de Andalucía, aunque por poco tiempo. Lo que cuenta en todo caso sirve para dar una idea de la infrecuente experiencia de vida acumulada por este amigo nuestro. Yo hubiera dado también algo por ver la escena descrita, y a ese Pujol Gnomo intentando hacer de “Petit Roi” en tierras lejanas. Miren desde cuando vienen las ínfulas diplomáticas de los mercaderes del secesionismo…

  7. Debía usted. buen hombre, prodigar más estas columnas memorables, siempre interesantes por lo que cuentan y estupendas en su forma. No hay mucho de este periodismo vivido en primera persona y es una lástima, y usted, además, tiene mucho que contar…

  8. Faure era un fascista y usted lo sabe pero lo calla. Sobre Mauroy no sé pero creo que lo magnifica quizás por su experiencia personal.

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