La polémica por los nitratos originada en el entorno de Doñana no es ninguna novedad en la provincia. ¿O es que nadie se acuerda ya del durísimo debate mantenido, cuando los nitratos dañaron las aguas de Lepe, entre los expertos y una consejería empecinada en negar los enormes riesgos que entrañaba? Aquel pleito se arregló cuando la Junta dio su brazo a torcer, por cierto, con un proyecto bastante caro, pero lo que debate ahora en el Coto es el daño ambiental que puede provocar la eutrofización y no los efectos que el filtrado de los nitratos producen inevitablemente en el freático del que, tarde o temprano, habrá que beber. Un viejo fantasma, que estará ahí mientras la agricultura demande su uso y la autoridad lo permita.

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