¿Ustedes alcanzan a explicarse el lacerante enredo de los niños robados? ¿Cómo es posible que durante décadas haya funcionado esa auténtica mafia que comerciaba con los recién nacidos de madres pobres para satisfacer las ansias de paternidad de parejas pudientes pero infecundas? El escándalo acaba de surgir también en Argentina donde el clamor por el robo de los niños nacidos en cautividad durante la dictadura militar no ha permitido hasta ahora reparar en los millares de criaturas arrebatadas a sus padres o vendidas por ellos en plena democracia a consecuencia, sobre todo, de la complejidad de unos procedimientos legales de adopción que prueban que la autoridad, el Estado en definitiva, ha confundido su legitimo objetivo de proporcionar una familia a los niños desamparados con el de ofrecer bebés a las familias demandantes. He leído documentos estremecedores que apuntan, entre otras cosas, que apenas uno de cada cuatro niños adoptados lo ha sido siguiendo la vía legal, mientras que diversas organizaciones denuncian que la venta de recién nacidos que ha disparado la demanda europea se rige por un sistema de precios que oscila entre los 40.000 y los 80.000 euros en función del sexo y del color de la piel, pero que aparte de atender las peticiones de familias adoptantes atiende también sin remilgos los pedidos de la canalla traficante dedicada a la prostitución o a la pornografía infantiles. Hay datos escalofriantes como el que asegura que una pequeña localidad de Santiago del Estero la media semanal de desaparecidos ronda la docena de casos. Y alguna denuncia de que esos trueques, forzados tantas veces por la indefensión y la miseria absoluta, han llegado a tasarse a la baja en un puñado de billetes, una casa y hasta en un saco de harina. Todo con la complicidad criminal o simplemente insensata del personal sanitario, del funcionariado judicial y de algunas instancias religiosas. Entre los crímenes ocultos de la sociedad desigual ninguno quizá tan alevoso como necesitado de castigo.

Asombra comprobar hasta dónde pueden llegar la obsesión por la paternidad y la fantasía de un instinto materno capaces de conciliar su vehemencia con la infamia de un montaje como el que se está descubriendo amparado por la incompetencia y quizá por la ceguera voluntaria de los poderes públicos. Porque no hay ninguna grandeza en satisfacer una obsesión caprichosa pero sí una incalificable maldad en participar en un sistema que llega a fijar en un saco de harina el precio de un ser humano. Hasta de la prole ha logrado hacer mercancía el fracaso moral de una sociedad. Junto al amparo de los vendidos sólo cabe esperar ahora el castigo de marchantes.

6 Comentarios

  1. Se trata de un escándalo doloroso, inexplicablemente oculto durante toda una vida, en el que han participado, con peor o mejor fe, gentes muy distintas. Lo peor, lo del precio del ser humano, eso de que los tratos se hicieran a cambio de precio. Es posible que tenagmos que discurrrir un sistema de adopción más funcional porque existen demasiadas tragedias remediables, aunque también yo estoy en contra de la adiopción caprichosa.

  2. Me cuesta creerme esa historia que poarece inventada por los programas negrios de la tele. ¿Tanta gente mala iba a haber, durante tanto tiempo, sin que nadie se enterara? Hay ocasiones en que se siente la tentación de abominar de nuestra condición.

  3. Conozco casos en la maternidad de Madrid, me pregunto qué hacen los jueces. También por qué de pronto tantos hijos echan de menos a unos padres que no han conocido. ¿Serán responsbales los padre s adoptantes además de los que robaron materialmente los bebés? Les confieso que estoy perdida en este asunto y agradecería que insistan sobre el.

  4. Lo de la venta de niños ha sido siempre una leyenda en las maternidades, pero esto que se mueve ahora es otra cosa: se ha descubierto que no son imaginaciones sino realidad esos manejos hospitalarios en que médicos, parteras, con la complidad de policías y hasta personal judicial, han hecho posible que niños nacidos en esos centros fueran arrebatados a sus madres naturales para entregárselos a familias demandantes. De pobres para ricos, no habrá que resaltarlo. Cada vez que reencuentro esta temporada la noticia me extraño más de la lentitud de una Justicia que va cin pies de plomo.

  5. Hay que entender el sentimiento maternal. No me ha parecido bien en ese sentido que la columna sugiera que hay “capricho” en ese sentimiento. Por lo demás, estpy muy de acuerdo con la filosofía que expone el autor.

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