Un verdadero aluvión de protestas ha provocado la decisión de la Casa Real de prohibir en adelante a los periodistas el acceso a los encuentros con el monarca y su familia que tengan lugar en los palacios de La Zarzuela o El Pardo. Ha sido de órdago, pues, el real cabreo tan ásperamente mostrado el otro día por el Jefe del Estado frente a un indefenso grupito de informadores uno de los cuales tuvo la osadía de preguntarle –en tono bien amable, por cierto—por su estado de salud, y sus edecanes se han precipitado a cortar por lo sano decidiendo que, en lo sucesivo, esas comparecencias de la regia familia no serán cubiertas más que por fotógrafos, oigan, que una imagen vale más que mil palabras y además no habla, que es lo que parece preferir el protocolo. Apagón y a otra cosa, en resumidas cuentas, como si España fuera Guinea o Bahrein, ya que, por lo visto, el cabreo del Rey prima sobre las más elementales reglas del juego democrático en un Estado en el que él es precisamente el Jefe y, por tanto, la primera personalidad de la vida pública, tantas veces sometida por la jurisprudencia a las incomodidades de la publicidad. Personalmente me agarro más a esta razón del carácter público, es decir, político, de la Familia Real, que al más cicatero argumento de que, al fin y al cabo, esa familia vive –todo hay que decirlo, muy generosamente– del dinero público, lo que en absoluto quiere decir que no tenga en cuenta aquella razón. Hay que reconocer que la prensa puede ser muy pesada, sobre todo con los famosos, pero no veo por qué motivo una familia entre todas las españolas ha de tener derecho al sigilo mientras asistimos al asalto generalizado de la intimidad de las demás. El Rey ha podido sentirse molesto a causa de las especulaciones sobre su salud, bien, ¿y qué? Incluso admitiendo la extravagancia de su inmunidad legal consagrada por nuestra Constitución, nada puede justificar su autoexclusión de la vida pública sino todo lo contrario. Imaginen si esos periodistas decidieran dar la espalda e ignorar en el futuro a una Casa Real que cuando ha hecho falta ha recurrido incluso al fotoshop para camelar al personal con una imagen falsa.

 

Este asunto no debería llegar a más sino ser reconsiderado por sus responsables, sobre todo por una razón: porque los españoles no son súbditos sino ciudadanos, que es una cosa bien distinta, por no hablar de que también son contribuyentes que mantienen a esa familia en régimen no excesivamente austero. Todo ello sea dicho sin el menor encono, aunque también sin olvidar que al menos un miembro de la Casa estaría hoy excluido de esas comparecencias de no haber emparentado con ella.

15 Comentarios

  1. Vaya palo, colega, en la misma cresta. Si están en política, que aguanten críticas; si cobran, todavía más.

  2. Estimo que si mantienen esa actitud, la prensa debería, en efecto, volverles la espalda. A ellos o a quien sea. Porque se supone que lo que le ocurre a la Familia Real interesa o puede ineteresar a los ciudadanos. Lo demás serían cataplasmas.

  3. La prensa no sabe, no puede o no quiere dar la espalda a cualquier cosa que despierte algún interés, por escaso que sea. No han sido capaces de ignorar las noticias generadas por los terroristas.
    Que los periodistas sigan asistiendo a esas “conferencias de prensa” de un solo sentido afecta a la dignidad de la profesión.

  4. Estoy en desacuerdo con la tesis del anfitrión. El planteamiento extendido entre buena parte de la prensa de que las personas (todas, las que gozan relevancia pública y las que no) están para aumentar sus tiradas y sus beneficios es abusivo. Entiendo que la pieza es jugosa (todos lo somos, llegado el caso, si la truculencia del suceso lo permite) y que es difícil renunciar a una línea de negocio que puede ser rentabilísima. La enfermedad, o la degeneración personal, retransmitida en directo y por entregas, retrata por igual a clientes y a proveedores.

    No tener derecho a un espacio de intimidad o a declarar privados ciertos aspectos personales es una barbaridad, por muy a sueldo de la administración que esté el protagonista.

  5. Yo en cambio creo que hablar a esta respecto de intereses de la prensa y demás es un viejo cuento. Lo que la columna sostiene es que, como la jurisprudencia reitera, quien pertenece a la vida pública por voluntad propia tiene que considerar restringido ese derecho a la intimidad que asiste a las personas privadas. No es tan difícil de entender, y en el caso de la Familia Real, menos todavía por las razones que se dicen.

  6. Defiendo, por mi parte, que el derecho a la intimidad se está resquebrajando y que a lo peor, cunado nos demos cuenta es ya demasiado tarde para detener el proceso. Y es bien cierto que en esa línea viene apuntando hace tiempo jagm en esta columna, como resulta lógico. En el caso que se critica nótese que es la Casa Real la que convoca a los medios y no éstos los que se eprsonan en ella. Excluir a los informadores, por eso mismo, viene a ser como querer sólo fotógrafos para mayor publicidad. A nadie le gusta la libertad de crítica cuando le concierne, pero en el caso del cabreo del Rey hay que tener en cuenta que lo único que la periodista abroncada hizo fue interesarse educadamente pro su salud que, en efecto, parecía deteriorada, y la salud del Jefe del Estado es un asunto de interés público, no sólo una cuestión íntima.

  7. Si un Rey nos sale por un pico, no quiero pensar por cuánto nos saldría un Presidente de la República. Sobre todo teniendo en cuenta la facilidad con que en la política española los que mandan se acostumbran a la buena vida y al lujo. Ahí tienen a Ibarra el extremeño, por no ir más lejos… Sobre la intimidad, estoy convencido de que, con los actuales criterior de los jueces, pronto todo en la vida de una persona quedará expuesto a la posible curiosidad general.
    Me parece injusto el comentario de Rafa y no quiero dejar de decirlo.

  8. Estoy segura de que tendrán que dar marcha atrás en esa decisión, y si nio la dieran la imagen de la Familia podría pagarlo caro. En el último párrafo y últimas líneas se dice algo muy directo que no ha sido comentado, cosa rara, a lo que personalmente me sumo.

  9. Yo reduciría la discusión al meollo del caso: el rechazo de la prensa libre de las ruedas de prensa que afectan a la Casa Real. Algo que me parece un grave error además de un abuso, y sobre todo una solemne tontería de la que más trade o más temprano tendrán que volver atrás. A los Presidentes americanos los ha frito a preguntas temibles los periodistas en muchas ocasiones pero a ninguno se le ha ocurrido –eso sería impensable en una democracia como ésta, a pesar de sus enormes defectos– cerrarle la puerta a los preguntadores. Añado que, en mi opinión, en efecto, estar en la vida pública es ponerse voluntariamente en un escaparate, lo cual resulta muy diferente de lo que le ocurre al que no sale de la privada.

  10. Algunos casineros, que son politólogos o historiadores, es posible que recuerden el libro de Kantorovic, “Las dos personas del Rey”. En él se explica lo que algunos no quieren entender.
    Cero entender, por mi parte, lo que dice Rafa, aunque es posible que hoy no se haya expresado con su mejor estilo.

  11. Querido Prof: creo recordar que, en realidad, el título de la obra que citas es “Los dos cuerpos del rey” y su autor es Kantorowicz. Puede encontrarse en Alianza, o podía hace unos años, y tiene un extraordinario interés, pero, claro, se refiere a la figura real en la Edad Media. Celebro siempre estas referencias pero conviene precisarlas.

  12. Hay que ver donde hemos acabado, en las teologías históricas de Kantorowicz. Me alegro, porque esas teorías descubren la importancia de la contribución del cristianismo a la cultura política occidental, hoy tan absurdamente contradicha por quienes quizás no tengan mucha base. Volviendo al tema, estoy con la crítica de ja en el sentido de que una medida como la criticada resulta difícil de asumir en una democracia.

  13. No le den vueltas al borboneo, ese anacronismo novelero, y aténganse a una filosofía similar a la que expone gmn en su columna de hoy. ¡Qué se habrán creído estos señores, quizás que lo de la sangre azul (menos los actuales morganáticos) es cierto? El Rey es un tío simpa´tico pero tíos simpátiucos conozco yo cuarente en mi barrio y no le dan cada año una millonada con cargo al erario. Es broma…

  14. No llevan razón. La gente está hasta allí de los periodistas hurgadores, de los cotillas disfrazados de informadores de la opinión. ¿Por qué tienen que perseguir al Rey, incluso cuando no tienen datos serios, con sus cábalas de salud? ¿A quien no le molestaría que si su padre tiene un cáncer lo divulgue la prensa a los cuatro vientos? Que le den morcilla a los preguntones, creo que como yo piensa mucha gente.

  15. Lo que yo quería plantear (con mediana fortuna, según parece) es el derecho a la intimidad de todo el mundo. No planteo que haya súbditos, pero reclamo para el rey la posibilidad de ser ciudadano.
    Saludos cordiales

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