Me sale al paso un comentario certero, tan obvio que resulta extraño que no haya sido explotado ya con frecuencia, que dice que nuestra generación, es decir, la Humanidad presente, es la primera de la Historia en considerarse en perores condiciones que la de sus padres, algo así como si la evidencia del progreso lineal –ese bello mito ‘ilustrado’ que ha dado tanto juego—se hubiera quebrado de pronto con la crisis, y nos enfrentáramos al problema mayúsculo de cambiar ese postulado que, en buena medida, sostenía la penúltima esperanza. Vaya por delante que no comparto tal pesimismo, entre otras cosas porque me parece que sería imprescindible, refrescar la memoria de un pasado en el que tantas veces esa Humanidad, por más que con las glorias se olviden las memorias, ha estado a pique de la catástrofe. Es verdad, sin embargo, que aquella constatación abruma a muchos ciudadanos que, a la luz de la crisis, han comprendido que el Sistema es frágil y que, por lo demás, nada garantiza que sea movido por fuerzas discretas sino por pasiones ciegas capaces de hacer zozobrar hasta a la hegeliana “astucia de la Razón”. Y es verdad también que la coyuntura avala las peores previsiones a la vista del ritmo desenfrenado con que avanza la pobreza, mil millones de personas en el planeta, cien nuevos pobres por minuto, un apocalipsis que ha permitido la negra broma de que mientras cenaban los líderes del G-20, cientos de seres humanos habrán caído en ese lastimero estado, forzados a vivir con 85 céntimos de euros al día. En la propia Europa malviven hoy 78 millones de pobres, 70 millones de mal alojados, 18 amenazados de expulsión, 3 millones de “sin techo”, 30 de trabajadores “a un euro la hora” y 108 agarrados a empleos precarios. No creo, desde luego, que debamos olvidar la Inglaterra de Dickens o la que describía Owen, pero lo cierto es que en la posterior a las reformas ultraliberales de Thatcher uno de cada cinco británicos, pobres es. Recuerdo el arranque de “Historia de dos ciudades”: “No ha habido tiempos mejores, no los ha habido peores, primavera de la esperanza, invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros, no había nada ante nosotros”…

Cuando se habla de la salida de la crisis suele olvidarse ese coste supremo: el de las víctimas, que serán, probablemente, legión, y hasta es posible que miren con nostalgia hacia la vida de sus padres. Pero esos nuevos pobres, sin embargo, no es descartable que reactiven en el Sistema movimientos que parecían ya superados, capaces de entorpecer las eventuales mejoras introducidas por la experiencia. “Los mejores tiempos, los peores tiempos”. El dilema de Dickens no era una contradicción sino, tal vez, una ecuación ciega de la historia humana.

9 Comentarios

  1. Querido JaGM eres optimista con el devenir humano, es una cosa que no comparto contigo.
    Lleva desde sus orígenes, un camino hacia un viaje que cada vez se aleja más de meta propuesta. Lo que nos ocurre es que nuestra esquizofrenia nos permite jugar al personaje, y cambiamos los papeles cuando la razón no puede con el sentimiento, o al revés.

    En ese intercambio constante, pasamos nuetra cortísima existencia.

    Aquí va algo de Pessoa que me lleva a la oscuridad cada vez que lo remiro:

    No basta abrir la ventana
    para ver los campos y el río.
    No es bastante no ser ciego para
    ver los árboles y las flores.

    También es necesario no tener filosofía.
    Con filosofía no hay árboles; hay solo ideas.
    Hay solo cada uno de nosotros, como un sótano.
    Hay solo una ventana cerrada y todo el mundo afuera; y un sueño de lo que se podría ver
    si la ventana se abriera.
    Que nunca es lo que se ve, cuando se abre
    la ventana.

  2. Insiste jagm en este tema de la pobreza que me consta de sobra, como amigo suyo que me honro en ser, que le preocupa (y ocupa) desde hace muchos años. Y pinta una realidad aterradora, de ese tipo que no basta con describir sino que parece exigirnos (que creo que es lo que se propone la columna) una reacción, algo, para corregir el desastre.
    Lo que no ceo es el optimismo de que habla el Abate, a quien hay que agradecerle el regalo de Pessoa. ¿Optimismo en esta columna? Le propongo que la releamos los dos.

  3. Esta mañana me detuco el error: estaba expuesta en el casino una columna ya comentada. Luego veo que se ha corregido y me alegro porque el tema lo merece. Siempre agradezco en mi fuero íntomo que ja no escriba para la galería sino para las conciencias, y sobre todo para la suya propia, no poco atormentada por esta realidad de la miseria que a tantos nos quita el sueño. Tengo entendido que el G20 no ha dado aún ni la mitad de lo que prometió el año pasado para paliar el hambre en un munco, que, desde entonces, ha aumentado mucho su ejército de desgraciados, enfermos, niños hambrientos… Ver que alguien se ocuypa de esta lacería antes que de las politiquillas, me levanta el corazón.

  4. El dato sobre la cena del G20 lo dice todo y más. Pero ¿cree usted que esta jauría pensará alguna vez en serio en ayudar a los parias del mundo,teniendo como tiene tantas aventuras personales que culminar? Pierda esperanza, buen amigo, los pobres no se tienen más que a sí mismos, y lo peor es que ni siquiera lo saben. ¿Los ricos en su ayuda? Recuerde que en el mejor de los casos de lo que los mitos hablan es de las migajas de pan que caen de la mesa de los festines.

  5. Una vez más le doy las gracias por atender a la pobreza, eso habla de usted como se merece. Comento algunas veces ocn los amigos que no suelo ver en la prensa tratar estos temas, tan poco “políticos”, tan poco “de moda”. Escucharle a ustde o leerle es un alivio: no todo está perdido mientras queden personalidades como la suya.

  6. La acumulación de datos da escalofrios: “En la propia Europa malviven hoy 78 millones de pobres, 70 millones de mal alojados, 18 amenazados de expulsión, 3 millones de “sin techo”, 30 de trabajadores “a un euro la hora” y 108 agarrados a empleos precarios.”
    Y más que van a ser…
    A veces mejor no pensar.
    Besos a todos.

  7. Los grandes conflcitos de este mundo provienen de la desigualdad. Lo que resulta raro es que esta realidad que hoy nos pinta ja en su columna no provoque enfrentameintos más agudos y radicales. Se comprende que basta luego un listo capaz de embaucar a los desgraciados para armar la de san Quintín. También yo celebro que jagm insista en este tema que resulta lacerante para cualquier persona que no sea del todo insensible.

  8. Los jovenes de hoy en día al menos en España, quizás tengan una renta per capita comparativamente peor a la de sus padres, pero viven el día a día mejor que ellos en su hotel de 5 estrellas.

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