Los jueces y fiscales se merecen un respeto, oigan. Su manifestación masiva de antier demuestra que están hasta el birrete de unos políticos que los habrán librado del ukase franquista, no digo yo que no, pero que los han reducido a un estamento humillado. No tienen ellos la culpa del desastre judicial que vivimos, sino quienes han conseguido desacreditarlos al someterlos al poder político y expoliar su dignidad profesional. Se admiraría el ciudadano si supiese lo que cobran esos manguitos por una guardia o hasta qué indecoroso punto se les ha despojado de sus derechos profesionales y de su imprescindible autoridad. Quien juzga no puede ser panderillo de brujas en manos del político ni cristobita del bululú partidista, porque no hay democracia sin una Justicia digna e independiente. Lo estamos viendo a diario, todos menos el Gobierno.

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