Hay sujetos que han visto evolucionar su presunto “idealismo” hasta hacer de la política una cómoda y pingüe profesión. Como el veterano agitador Diego Cañamero –decenas de sanciones judiciales en sus anchas espaldas, asaltos a supermercados, ocupación de fincas y otras proezas— a quien en Jaén deberían pensárselo antes de volver a votarlo diputado en las listas de Podemos. Tras el mamarracho de ofrecerse para ir a prisión en lugar de los golpistas catalanes, por la Red corre ahora un vídeo en el que reclama el apoyo a esos presos de ETA que tantos andaluces mataron. Encumbrado en la política, no recuerda ya cuando se decía aquello de que ETA ponía los verdugos y Andalucía los muertos, en su mayoría pobres o modestos trabajadores públicos. Normal: es un profesional y va a lo suyo, aunque él dirá, probablemente, que no es el único. Y en eso lleva razón.

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